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    October 31

    Gorka


    El día que me dijeron que iba a vivir con nosotros, no me hizo ninguna ilusión.

    En esa época yo acababa de comenzar el segundo ciclo de una nueva carrera y estaba tratando de integrarme en una clase ya organizada, con el estrés que eso supone. Agradecía haber encontrado más gente que provenía de otros estudios (finalizados o no) y habernos unido frente a aquellos “pequeños” extraños.

    Además, me acababa de trasladar de residencia estudiantil. El asfixiante piso del año anterior había sido sustituido por un caserío (o baserri) regentado por un ladrador y poco mordedor euskoparlante entrado en años que se resistía a dejar demasiadas horas su querida propiedad en manos de estudiantes revoltosos y poco duchos en labores de horticultura.

    Los dos pisos del baserri alojaban ya a nueve jóvenes, encontrándonos Manu y yo, junto a una pareja de asturianos-mexicana (ella) en la parte superior de la vivienda. Un madrileño y cuatro vascos -muy vascos- vivirían en su propia casa debajo de nuestro suelo. La convivencia con los artistas del piso de arriba -siempre rodeada de artistas- prometía ser apacible y cargada de la necesaria independencia.

    Pero se ve que no era suficiente. Cuando toca asimilar novedades, toca. Creo que fue durante una comida en la universidad que Manu me anunció, entre sorprendido y encantado, que el caserío acababa de hacer un nuevo fichaje para el piso con una habitación libre. El nuestro, claro. Se trataba de una versión -artista también, por supuesto- de Homer Simpson en carne y hueso, me decía, que había llegado a la casa con sillón y no cerveza, sino coca cola, incoporados. Sólo me faltaba eso, no tenía suficiente lío en la cabeza ya, como para tener que soportar a lo que podía resultar un compañero de piso latoso e indolente.

    Mi acercamiento a Gorka fue receloso y lento. “Éste va a ser de los que da mala fama a los de Bellas Artes”, pensaba yo. Y es que no sólo era un hombre a una coca cola pegado (con pajita incluída), sino que además tenía otros hábitos harto peculiares: desde preparar arroz en el microondas (sí, agua, arroz y al microondas, copyright Gorka 2003) hasta ser experto en programas del corazón, pasando por extraños horarios que incluían levantarse por la mañana para bajar a desayunar al pueblo (a una considerable distancia) y regresar al caserío para meterse en la cama de nuevo.

    Poco a poco me di cuenta de que sus costumbres no sólo no hacían daño a nadie, sino que eran de lo más interesantes. Los horarios de Gorka eran distintos a los de todo el mundo (o casi todo el mundo, ¿verdad, David?), pero él tenía sus motivos y prioridades; comía y bebía de manera extrañamente selecta pero respetaba la alimentación (y los alimentos) de los demás, no es que supiera solamente de temas del corazón, sino que se podía hablar con él de cualquier cosa y era un experto en cine y música exento de snobismo; trasnochaba casi todos los días y eso permitía tener charlas de lo más variopintas (desde David Lean hasta Víctor Elías pasando por las experiencias vitales de cada uno) con él cuando no había que madrugar; empleaba su ritmo propio hasta para la limpieza de la casa pero obtenía resultados impecables y no es sólo que no fuera conflictivo, sino que además su simpatía y tolerancia contribuían al buen ambiente entre los compañeros.

    Mis prejuicios y desconfianza se evaporaron completamente ante este peculiar ser, sobresaliente guionista, realizador inimitable -capaz de rodar él solo un increíble cortometraje de acción-, sereno intérprete, eficiente crítico -sus opiniones acerca de nuestros trabajos para clase no tienen desperdicio-, pero sobre todo una persona distinta, independiente pero no huraño, divertido pero no cargante, que vive la vida a su manera, sin pedirle nada a nadie y actúando según su criterio, cuya presencia es siempre motivo de alegría y cuya originalidad se echa mucho en falta.

    Una conversación con Gorka siempre trae respuestas inesperadas, datos increíbles y hasta valiosos consejos. Un rato con él son risas aseguradas. En un mundo repleto de imitaciones baratas, la particularidad afable de Gorka es una bocanada de aire fresco. Aunque mi desconfianza me hiciera tardar en respirarlo.

    foto de lagape en 30/10/07

    Foto: Gorka, by Carlos

    October 23

    ¿Y tú quién eres?

    foto de lagape en 23/10/07

    Iba predispuesta, todo hay que decirlo.

    Y es que la película se asienta en tres pilares básicos, todos ellos motivo de adoración para mí:

    Antonio Mercero. El entrañable “director de niños”, como le llaman algunos, responsable de mi serie favorita (esa que hace siglos que no reponen pero siguen insistiendo en que sí), de otras como Farmacia de guardia, y de películas tan variopintas como Buenas noches Señor Monstruo, La cabina, Planta cuarta, La habitación blanca, La guerra de papá

    Cristina Brondo. Esta chica tiene algo. Desde Aunque tú no lo sepas me llamó la atención (aunque ya la conocía sin seguridad). Y con Una casa de locos o Las muñecas rusas constaté esa simpatía, claridad y belleza clara que transmite. Y tú quién eres la ha consagrado ante mis ojos.

    Manuel Aleixandre. Sobre todo Manuel Aleixandre. Este eterno secundario y maravilloso cómico que en plena madurez está mostrando sus capacidades dramáticas -anunciadas ya por Don Matías- gracias a dos ansiadísimos (para él y para sus fans) papeles protagonistas, uno el Don Ricardo del que pude disfrutar ayer y otro el enamorado Fred de Elsa y Fred. Ambos precedidos por tal cantidad de interpretaciones memorables que es complicado seleccionar unas pocas.

    A pesar de ciertos excesos en el dramatismo de los momentos críticos de la película, en los que me chocaron las exageradas reacciones de los personajes, lo cierto es que la cinta merece más atención que la prestada por unas salas de cine que a la segunda semana de su estreno ya la han retirado y permiten visionarla en otros circuitos cinéfilos a mitad de precio.

    En fin, que lo que cuenta es la delicadeza y sensibilidad con la que Mercero pone en primer plano una enfermedad tan terrorífica como el Alzheimer. Con humor, de la mano del gamberrillo personaje de Jose Luis López Vázquez, pero también con la crudeza con la que vivir una realidad así llena la vida de quienes se ven afectados por ella. Inconmensurable Aleixandre, demostrando tal capacidad interpretativa que nos convence de la oscuridad de una mente, que en la vida real y a sus casi 90 años, está tan lúcida como la de una persona de 40. Su mirada perdida, su indefensión y sobre todo su ternura, que encuentran un inmejorable refugio en su nieta, paciente, cariñosa y entregada a su abuelo.

    La película busca conmover, pero sobre todo concienciar, enseñar el proceso de una enfermedad degenerativa que destruye la mente y los recuerdos. Y si resulta emotiva para cualquier espectador con la mínima capacidad de empatía, más lo es para quienes lo hemos vivido de cerca.

    Gracias Mercero, por ser de esos directores a quienes les importan los problemas de la vida cotidiana, porque has sabido elegir a los actores idóneos con quienes darle forma a esta maravillosa historia, y especialmente, porque me has regalado un “nuevo” momento con mi abuelo gracias a la preciosa escena del baile entre Manuel y Cristina.

    Gracias

    October 12

    Actualidad


    Mi día a día laboral se nutre de noticias, de lo que es “nuevo” informativamente hablando. Una de las muchas claves de la calidad de la información es su inmediatez. El medio que se lleva el gato al agua es el primero que se entera, que conoce y que da a conocer.

    El concepto actualidad no ha tenido apenas influencia en mi vida hasta que he comenzado a trabajar como periodista. El cine que más me gusta está hecho hace 60 años y cuando veo una peli de la última década suele ser tiempo después de su estreno, no conozco la mayor parte de la música que se hace hoy en día, leo las revistas meses más tarde de su publicación y el telediario ha sido para mí ese programa que ven mis padres y que sólo sirve para hundirse en graves depresiones. Mi interés siempre ha estado focalizado más en el pasado que en presente. ¿Defecto? Probablemente.

    Pero mi ocupación actual me obliga a luchar contra esta tendencia. Me exige estar pendiente de la -con frecuencia- tediosa actualidad cántabra y redactar continuamente noticias sobre ella. El trabajar en un diario digital lo acelera todo mucho más: lo que he publicado por la mañana quizá ya no es noticia por la tarde y casi todos mis escritos tienen un tiempo de vida tan breve que aturde.

    La cuestión es que varias circunstancias de los últimos meses me hacen plantearme si la inmediatez informativa de la que “disfrutamos” está enfocada hacia lo que en realidad importa.

    Y es que, el 29 de julio de este año, yo estuve bañándome en el mismo mar en el que horas antes moría ahogado Rubén, mi colega de universidad, mi entrañable vecino y compañero de viaje. Por supuesto, en ese momento vivía en la inopia y ni siquiera fui consciente (como la mayoría de sus amigos) de su desaparición hasta días después. Por el mismo motivo tuve que conocer la muerte de mi amiga Sonia a través de la peluquera de su madre, por la que se enteró la hermana de otra amistad en común. Así de irónicamente macabra es la vida.

    Es totalmente comprensible que sus familias, sumidas en el dolor, busquen la máxima discreción, demasiado tienen con su pesadilla privada. Y no soy tan ingenua como para creer que los medios de comunicación son adivinos y telepáticos.

    Pero lo que yo me pregunto es de qué coño me sirve saber los últimos detalles de la semana de Victoria Beckham en París cuando ni siquiera he podido acudir al funeral de una de las personas que han formado parte de la última etapa mi vida. Porque NO ESTABA INFORMADA.

    foto de lagape en 10/10/07 

    Foto: Grecia, by Suspe. Sonia y yo fuimos de las poquísimas que votamos Grecia como destino para el viaje de fin de carrera. Por supuesto, no ganamos.

    October 05

    Hope can set you free

    foto de lagape en 3/10/07 

    Adaptación de una novela de Stephen King, Cadena perpetua toma un drama carcelario y lo transforma en un fascinante tratado existencial sobre cómo abordar la vida diaria cuando hay que plantar cara a una realidad exenta de libertad y esperanza. Como sugiere la firma de la película, “Get busy livin’ or get busy dyin’” (”Ocúpate de vivir y si no ocúpate de morir”).

    Filmada en una cárcel de Ohio, la película presenta muchos puntos en común con las fórmulas familiares y esterotipos de sobra conocidos del género del drama carcelario, pero supera la posible repetición gracias, entre otros puntos, a las interpretaciones de Morgan Freeman y Tim Robbins.

    El realizador Frank Darabont y el director de fotografía Roger Deakins (un colaborador habitual de los Coen) recrean las penosidades y desesperanza de la vida en prisión, tanto en la estética como en los detalles de los lúgrubes rituales de la vida diaria de los personajes.

    Abarcando veinte años en las vidas del protagonista, el guión y la dirección de Darabont nos permiten darnos el lujo de llegar a conocer a estos hombres -delincuentes habituales, con poca esperanza de futuro- a través de una serie de escenas cautivadoras que lentamente construyen una atmósfera y una tensión intensas sin sacrificar la caracterización y la integridad temática.

    Éxito de crítica pero fracaso en las taquillas cuando se estrenó, la cinta fue nominada a siete oscars, pero no se llevó ninguno. Sólo cuando salió en vídeo consiguió la merecida admiración del público.

    Desde que Fer me recomendó ir a verla a la vídeoteca es mi película carcelaria favorita.

    October 02

    All those wonder years

    foto de lagape en 2/10/07 

    Había algo especial en Aquellos maravillosos años.

    La melancolía que desprendía no se debía solamente a que Kevin contara su intensa adolescencia siendo ya adulto. Creo que su magia tenía que ver con una nostalgia “virtual”: la nostalgia por los sitios en que nunca se ha estado, la gente que nunca se ha conocido y las épocas que nunca se han vivido.

    Experiencias pretéritas e irrecuperables, que aunque nunca hayan formado parte de la vida “real”, se sienten tan cercanas que es posible (y frecuente) extrañarlas .

    Son muchas las series ambientadas en otras épocas y varias las que se sitúan en los 60-70, pero ésta dejó una huella diferente. Al menos en mí.

    Foto: Danica McKellar y Fred Savage como Winnie y Kevin