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*Planeta imaginario*

...Our best decisions, the ones that we never regret, come from listening to ourselves...
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May 13

El 23

Acudí a la presentación del espectáculo que ofrecía el televisivo mentalista Anthony Blake en Santander, más por curiosidad propia en el personaje que por el interés informativo de la rueda, cuyo contenido ya conocía.

Tras las palabras de rigor y por la falta de preguntas, una chica sacó a relucir su postura escéptica ante el tema del mentalismo. Blake, encantado, le dijo que se acercara a él. La pidió que pensara un número de dos cifras mientras él escribía algo en una hojita y luego la miraba fijamente a los ojos durante un par de minutos. Yo, desde mi asiento, busqué un número también. Inicialmente el 38, que deseché por el 23.
 

Cuál no sería mi sorpresa cuando la chica dijo que había pensado en el 23 y Blake mostró su hoja con esa misma combinación. También acertó cuando presumió que ella antes había elegido otro número, y que al cambiar de dirección sus ojos había aparecido el 23, que él lo había notado. La periodista alucinaba, como todos los presentes y la rueda cobró entonces un carácter mucho más personal.

Anthony Blake asegura que todo lo que usa son trucos basados en la comunicación no verbal, que él hace creer que lee la mente, al igual que hace creer que le leen la mente. Que sus trucos son comparables a los de los magos de cartas, considerándose él mismo un mago de la mente.

En cualquier caso, para quienes no estamos iniciados en el tema, es un poco aterrador pensar que nuestra mente es tan fácilmente manipulable...

El viaje a ninguna parte: de Salamanca a Sitges (1955-1969)

Análisis de La vida alrededor

Lagape

1.- Introducción

El regeneracionismo, en su modalidad de comedia costumbrista, encuentra en Fernando Fernán-Gómez, aunque sin una afiliación declarada, a uno de sus mejores representantes a finales de los 50 y principios de los 60, con películas como El malvado Carabel o Sólo para hombres. El célebre actor, “una de las figuras más fascinantes y contradictorias del período y de todo el cine español”[1], comienza su carrera como realizador de manera discreta, pero La vida por delante (1958) supone un cambio de rumbo destacable. Debido al éxito de la película, que cuenta las desventuras de una pareja –a la manera de Esa pareja feliz (Juan Antonio Bardem / Luis G. Berlanga, 1951)-, enfrentada a múltiples problemas, entre otros el de la búsqueda de un piso donde vivir, el autor propone una continuación, La vida alrededor, con la que forma un díptico y que he seleccionado para analizar en este trabajo.

Se trata de una crítica comedia, de carácter incisivo y subversivo, de vivo ritmo y construcción diferente a la del cine español de la época. Sin embargo, los aspectos de crónica social de La vida alrededor están suavizados por su humor, obtenido por medio de ironías, diálogos vivaces o sorpresas que recuerdan en cierta medida a las situaciones inverosímiles o el humorismo intelectual característicos de la obra de Jardiel Poncela, escritor y dramaturgo que además descubrió al Fernán-Gómez actor.

La película hace gala de una gran inventiva cinematográfica, desde los créditos del principio, impresos en los titulares de un periódico, hasta el montaje a ritmo de percusión en el que se nos priva del alegato de Antonio en el juicio final. En el campo visual, las intenciones críticas y estilísticamente innovadoras del realizador van aún más lejos de lo manifestado por los diálogos de sus personajes.

Sin embargo, el elemento intelectual, de corte crítico, que impregna el humor de La vida alrededor, permite que la narración no sea un simple reflejo de los traumas políticos o económicos sufridos por el país tras la Guerra Civil en medio de la dictadura, sino que además el espectador se sienta interpelado.

 

2.- Interpelar al espectador



La lógica interna del relato es rota en múltiples ocasiones en las que el director se dirige directamente al espectador por medio de los personajes, que a veces completan la información mediante flashbacks y otras nos ofrecen versiones contradictorias de un mismo hecho, mediante las que tratan de convencernos de la suya propia. La narración es mixta, las interpelaciones alternan narraciones ulteriores y simultáneas, por lo que la focalización es variable, siempre en boca de narradores homodiegéticos: de la de Antonio (en su mayoría) a la de Josefina, su mujer, autodiegéticos, y una participación única de sus padres y los padres de aquel, como narradores no autodiegéticos.

Mirar a la cámara, al espectador, que los personajes dialoguen descaradamente con ella, recuerda a quien ve la película que se trata de una representación, le saca de cierta manera del filme, porque aunque la idea que transmite es: “les cuento algo que me ocurrió/está ocurriendo a mí o viví/estoy viviendo de cerca”, y además vemos cómo vivió ese hecho el personaje, éste no tarda en volver a asumir su función de narrador después de compartir su soliloquio.

Las dos primeras interpelaciones de los personajes a los espectadores funcionan como una presentación de Antonio. Un juez se dirige a la cámara pronunciando la primera frase de la película: “Son una amenaza pública”, para declarar la lastra social que suponen los raterillos, los ladrones de poca monta, de quienes cree que hay que desprenderse. Antonio mira a la audiencia también, pero en su caso para actuar de abogado defensor de uno de esos maleantes, dejando claro que para él no suponen tal amenaza, sino que son unos simples desgraciados víctimas de la sociedad y de una educación deficiente.

Tal declaración de principios se trastoca completamente cuando en la siguiente escena vemos a Antonio con Josefina paseando por la calle tras el juicio. Un niño mal vestido le roba el bolso a su esposa, así que Antonio corre en su recuperación para, después de alcanzarle, dejar a la luz lo que realmente piensa de él, a quien etiqueta a oídos de toda la gente que pasa por allí con los calificativos de ladrón, golfo, sinvergüenza, maleante, zángano, vago, amenaza pública o peligro para la sociedad, repitiendo las ideas que había manifestado el juez minutos antes. Desde este momento sabemos que el protagonista miente para ganarse la vida.

Descubriremos que el matrimonio, que debe mantener una postura de empatía con los saqueadores, a causa del trabajo de Antonio (que los defiende legalmente), siente el mismo miedo –significativa es la escena en la que Josefina ve por primera vez a “El Asunción” y grita horrorizada para sentirse inmediatamente después pletórica de alegría cuando se da cuenta de que va a suponer dinero para la familia- o rechazo social –Antonio, en el segundo juicio de “El Agujetas”, mientras está hipnotizado para decir la verdad, declara su posición tajantemente dura respecto a ellos- que el resto de la gente.

Las siguientes interpelaciones son del propio Antonio, que habla en el despacho de cómo recibió la noticia del nacimiento de su hijo y que en su habitación nos informa de los cambios en cuanto a la fecha del parto. Ambas intervenciones puramente informativas y anteriores al nacimiento del bebé.

A partir de la presencia de Tonini, el hijo de ambos, en la casa, las interpelaciones al público son más y más subjetivas. Josefina se incorpora a esta particular manifestación y tanto ella como su marido opinan de la evolución de su economía doméstica: cómo se comporta cada uno, por qué, etc. Buscan la complicidad de los espectadores.

Y antes de la última interpelación-despedida de Antonio al espectador, cinco intervenciones subjetivas de cinco personajes que nos ofrecen cinco visiones de Antonio, si no opuestas, casi contradictorias entre ellas, a la manera de Rashomon. El padre de Antonio le considera un exaltado, la madre de Josefina, prácticamente un gangster, el padre de Josefina un buen muchacho y la madre de Antonio un seductor. Josefina, por su parte, un pobre hombre y un mujeriego. Y repasamos, “a través de los ojos” de los cuatro narradores ocasionales (los padres y suegros de Antonio), diversos momentos de la vida del protagonista según ellos los recuerdan o quieren recordarlos para apoyar su descripción de él. Y “a través de los ojos” (o, en este caso, de la imaginación) de Josefina, una anticipación de lo que puede ser el juicio que está a punto de producirse. Todos los supuestos flashbacks ofrecen una caricaturización cómica del protagonista que poco tiene de verosímil.

Sólo la unión de todas ellas (e infinitas más) nos podrían dar la idea más aproximada posible de quién es Antonio, aunque, después del tiempo transcurrido de película, convendremos en que todas ellas exageran o mienten acerca del personaje. Esta reflexión de la realidad como algo multifacético, de lo que con dificultades se puede extraer la verdadera esencia, permite a Fernán-Gómez homenajear la recordada escena de la comisaría de La vida por delante.

Se establece, por otra parte, un paralelismo entre Antonio y una España que no tiene su identidad definida, destrozada por la guerra, sobre la que se opinan cosas muy diferentes, que busca ser moderna, parecerse a Europa –Antonio llama a su hijo Tonini y coincide con su mujer en el deseo de que sea francés-, pero al que siguen escapándosele ramalazos retrógrados: “Si no te pusieras esos vestidos…” le dice a su mujer Antonio cuando se da cuenta de que los hombres no le quitan los ojos de encima en la calle.

Y la última vez que alguien se dirige a la cámara es Antonio para ofrecernos la conclusión, resignada y pesimista, de la película: simplemente, “La vida”.

3.- Pesimismo Realista



La película ofrece una visión nada complaciente de la España predesarrollista desde la óptica de la clase media burguesa, que busca desesperadamente en un primer momento subsistir, posteriormente mejorar y finalmente asegurar avances para la siguiente generación, pero que se ve abocada al fracaso.

La vida alrededor lanza una mirada desesperanzada, o más bien coherente -con el desarrollo de los hechos-, al futuro. El pesimismo y desencanto de la cinta están encarnados sobre todo en el personaje de Antonio, convencido del triste futuro que le espera tanto a él como a su familia. Cuando su hijo Tonini aprende a andar primero hacia atrás, lo interpreta como una repetición de su propia condición de perdedor, además pronuncia en público un discurso referente al triste futuro que les espera a ellos y a sus hijos. Y cuando se ve condenado a decir “La Verdad, sólo la Verdad, y nada más que la Verdad” por efecto de la hipnosis de Josefina, le dice a su hijo que aún no es tan pobre, feo y alto como él porque es pequeño, pero que lo será en el futuro.

Josefina es más idealista, sobre todo en lo que concierne al niño. Está convencida de que prosperará, gracias a la educación que ella se ocupa de procurarle, con resultados tan positivos –y cómicos a ojos del espectador- que la animan a formalizar las clases de cultura previa de la infancia. Sin embargo, al final del relato se cumple la predicción de Antonio y en cierto modo “triunfa” su postura pesimista, puesto que es su visión negativa la que finalmente se impone. Antonio pronuncia la última frase de la película con un gesto de resignación, y parece querer decirle al espectador: “Si ya lo decía yo…” La Verdad que Antonio pronuncia sin reparo en el juicio final le acarrea un fracaso estrepitoso a su personaje pero un triunfo a la anticipación negativa que representa. Él, que en una escena ya le había anunciado a Josefina lo poco rentable que sería verse involucrado en un juicio como parte implicada, se ve abocado a nada menos que catorce demandas interpuestas contra él por difamación y calumnia.

Está claro que si la pareja decide tener una niña (como parece que ha decidido finalmente), va a tener que pensarse mucho mandar a Tonini a la universidad. Todo parece apuntar que el futuro de su hijo (o hijos) va a estar protagonizado también por los apuros económicos que no dejan de sufrir sus padres. Fernán-Gómez lo transmite mediante dos planos generales del niño observando a sus padres desayunar y otros dos planos detalle semisubjetivos de las manos de sus padres mientras desayunan. Tonini, que ya ha demostrado su capacidad de asimilación, no pierde detalle de los hábitos de sus padres y es fácil deducir que repetirá las conductas que está aprendiendo antes de los 5 años, edad a partir la cual, según su madre, ya se atrofia la capacidad de conocimiento.

La canción interpretada durante los créditos por Los tres de Castilla, La vida alrededor, resume el espíritu desesperanzado de la película. El futuro de la España trabajadora no será mejor que el presente, sino que las cosas seguirán igual, al menos en un futuro inmediato (el día de mañana). Nadie va a prosperar por el momento: ni “El Agujetas” ni su propia familia. Sus hijos no serán más afortunados económicamente como a Josefina y a él les gustaría. Ese “día de mañana” del que habla la canción y al que Antonio se refiere, debe esperar, al menos por el momento.


LA VIDA ALREDEDOR

El día de mañana / Tendrá también su noche / Sus menos y sus más
El día de mañana / En todos los relojes / Tendrá el mismo tictac

Mira, amor / La vida alrededor

La vida es breve pero lenta / La vida es dura pero frágil
La vida es corta pero ancha / La vida es una

El día de mañana / Tendrá también sus pobres / Sus ricos y sus más
El día de mañana / Tendrá también quien llore / Y cante este cantar


La letra de la canción anuncia desde el principio el tono que va a marcar la película e incluso el único final que pueden tener los hechos que se vayan a desarrollar. La canción no sólo aparece al comienzo, sino que es entonada más veces por Rafaela Aparicio, en su papel de Cotilde, la criada, en otros tres momentos del metraje en los que la pareja se encuentra a solas en su habitación.

La primera vez que Cotilde canta La vida alrededor, Josefina está embarazada del niño y manifiesta su resolución de enseñarle antes de que nazca y así las ideas se le queden en el subconsciente para cuando crezca. Antonio planea buscar más trabajos. Aquí sabemos que Josefina cree que el niño puede prosperar y se ve que Antonio también lo desea. Josefina expresa su preferencia por Francia como lugar en el que su hijo crezca con más facilidades.

En el minuto 43, el personaje de Rafaela Aparicio vuelve a entonar la misma melodía. Mientras, se ve a Josefina y Antonio cansados a causa de su nueva vida: los dos trabajan en casa rodeados de obreros y una criada que no paran de hacer ruido. Josefina manifiesta sus ganas de tener una niña, mientras que Antonio quiere también pero se muestra reacio por los gastos.

La tercera vez se produce en el minuto 58 y se escucha mientras Antonio está agobiado porque al día siguiente es el pleito y no puede concentrarse. Ella le hipnotiza para relajarle.

Es significativo que cada vez que se escucha la pegadiza melodía de Los tres de Castilla en la voz de Aparicio, Antonio va asimilando más y más su triste destino. Siempre de noche, siempre acompañado de su mujer y cada vez más seguro del negro porvenir que les espera. La tonada funciona como la conciencia del protagonista, que refleja cómo la vida choca con las esperanzas y expectativas irrealizables que en un principio se planteó.

Hay una vez más en la que se escucha la melodía, pero ya sin voz que la entone: en la última secuencia, cuando la familia conoce las denuncias con las que van a tener que convivir a continuación. Los “consejos” de la canción se confirman como certeros.


4.- Crítica de la ley

Además, la película nos habla de un país, de una sociedad, legalmente injustos. Una sociedad en la que “los antecedentes de un hombre pesan” –como dice Antonio en el juicio final- y pueden arruinar a un ladrón que ya se ha reformado. Una sociedad que no soporta la verdad.

Durante su hipnosis, Antonio acude al juicio en el que debe defender a un ladrón diciendo solamente “La Verdad, Toda la Verdad, y nada más que La Verdad” para horror de cuantos le rodean, que irónicamente (y con razón) lo dan casi por perdido. De hecho, esta imposibilidad acarrea multitud de consecuencias negativas y complicaciones para todo su entorno: “el Agujetas” y él pierden el juicio, su familia se ve privada de una importante cantidad de dinero, sus pagos pendientes se han retrasar como consecuencia, los empresarios capitalistas implicados en los negocios sucios que Antonio revela ven peligrar sus seguridad, Antonio debe enfrentarse a varias demandas por injuria, etc.

En el momento en el que sale de su hipnosis y se ve capacitado para mentir de nuevo, lo primero que hace es recurrir a las leyes. Fernán-Gómez parece querer expresar aquí que la función real de la legislación es amparar prácticas irregulares o abusivas. Los rateros de poca monta para los que trabaja (aunque ya sabemos lo que opina realmente Antonio del robo) son una representación, a pequeña escala, de los ladrones que verdaderamente dañan: los “peces gordos” de las grandes empresas.

La necesidad económica y sobre todo la estupefacción y el rechazo que está produciendo en su audiencia (el público del juicio, su familia, sus colegas de profesión) parecen ser los verdaderos responsables de que vuelva en sí –deja de decir “verdades” al ver llorar a Josefina- y comience a recitar un discurso que realmente acepten los que allí se encuentran. El director opta para ello por un montaje acompasado con el sonido de instrumentos de percusión, que nos priva de las palabras del Antonio que ha recuperado la consciencia. Son palabras que ya conocemos o nos podemos imaginar, así que no es necesario escucharlas.

Es reseñable la escena en la que Antonio y los sobrinos de “El Agujetas” discuten el modo de atracar una casa de forma que la pena que se les imponga resulte la menor posible. Aunque gracias a la película conozcamos lo difícil y peligrosa que es la vida de los rateros, Fernán-Gómez no es compasivo: hace un alegato de la vida honrada, del trabajo como único medio lícito (aunque inútil) para prosperar, criticando a su vez la blandura de unas leyes que permiten que muchos maleantes se libren del castigo que justamente les correspondería.

5.- Conclusión

La vida alrededor, película comprometida con el Realismo y pegada a los problemas cotidianos del ciudadano medio es, sin embargo, gracias a Fernán-Gómez, una vuelta de tuerca de la realidad, con la que obtiene un plus crítico y expresivo.


BIBLIOGRAFÍA


- AUMONT, J. y MARIE M.: Análisis del film. Paidós Comunicación, Barcelona, 1999
- HEREDERO, Carlos F., y MONTERDE, José Enrique: Los “Nuevos cines” en España. Ilusiones y desencantos de los años sesenta. Institut Valencia de Cinematografía, Valencia, 2003
- PÉREZ PERUCHA, Julio: Antología crítica del cine español 1906-1995. Cátedra/Filmoteca Española, Madrid, 1997
- Apuntes de la asignatura El viaje a ninguna parte: de Salamanca a Sitges (1955-1969)
- Apuntes de la asignatura Historia del cine
-
http://www.guzmanurrero.es/index.php?option=com_content&task=view&id=35&Itemid=37





[1] HEREDERO, Carlos F., y MONTERDE, José: Los “Nuevos cines” en España. Ilusiones y desencantos de los años sesenta. Institut Valencia de Cinematografía, Valencia, 2003
April 01

Vallespinoso power

Tener raíces en un pueblecito termina siendo productivo.
 
El trailer de un corto rodado allí, las palabras que me inspiran mis recuerdos en el mismo sitio y una fotografía realizada por los alrededores que ha terminado siendo parte de una obra de Vigalondo dan fe de ello.
 
 

Trailer de «Maridos de Sangre»

 
Por fin puedo compartir el trailer del cortometraje en el que tantos meses llevamos trabajando. A quienes os pasáis por aquí, os pediría una opinión (positiva o negativa) sobre lo que os parece, sugiere, transmite, provoca, etc. sin más información que la del siguiente vídeo y ya iré dando más datos. Queda menos para el estreno, a la espera de los últimos retoques de audio:
 
 
________________
 
 Desde nuestra peña
 

Desde nuestra peña

 
Desde nuestra peña,
donde el mundo encoge
y la vida cotidiana queda atrapada en otro valle
esperando nuestro regreso,
el cielo nocturno se acerca repleto de estrellas
que nos rodean y nos envuelven
para que nos acerquemos a ellas
y podamos saludar a los que están arriba.

Desde nuestra peña
nunca tendremos más de 10 años
porque la Serna está ante nuestros ojos,
y también es nuestra,
y vuelve a convertirse en un enorme patio de juegos
del que no queremos bajar.

Y es que en la Serna caben todos nuestros universos
que compartimos
aunque volverán a separarse.
Y sólo importa el juego y la risa y el campo
y perdemos la vergüenza una vez más.

Desde nuestra peña
da igual que el mundo esté hoy más loco que ayer
da igual que seamos un poco mayores
o que todo sea diferente.
Porque si nos sentamos en nuestra peña, que antes no fue nuestra,
sabemos que el tiempo se detiene
y sólo somos nosotros
los que éramos
o los que somos.
 
________________ 
 
 

Marisa, chica Vigalondo

Una de esas cosas que nunca se podrían esperar. Quién me iba a decir a mí que formaría parte de un trabajo de Nacho Vigalondo. Aunque fuera entre decenas de mujeres, en formato .jpg y durante menos de un segundo. Igualmente raro, raro, raro.

Marisa, el cortometraje en cuestión.

 (seg. 8 y créditos)

February 03

Ten Siempre Confianza

foto de lagape en 3/02/09

 A veces parece que todos los caminos se cierran,
que la noche es eterna,
que el invierno ha congelado los corazones,
que no existen más rosas,
que tu destino son las lágrimas,
que no hay sino soledad para ti,
que han desaparecido las estrellas,
que la sonrisa se apagó sobre la tierra,
que los días son cortos y lluviosos,
que las noches son interminables y sin luna,
que no hay espacio alguno para tus pies,
que no hay salida en la calle de tu vida,
que la indiferencia y la desilusión
aprisionan tu corazón ...
Pero aún entonces puedes confiar
que tú eres un camino eterno y abierto,
que tu eres un día luminoso,
que en tu alma no hay estaciones, sólo las hay en tu mente,
que hasta en el desierto más árido y seco hay una flor,
que las lágrimas, como el agua, dan vida y fecundidad,
que tú eres el mejor amigo de ti mismo,
que tu alma es un cielo lleno de luz y de estrellas,
que dentro de ti el rostro de la vida sonríe,
que en ti está el sol radiante,
solo es noche si le das la espalda,
que el mundo es ancho y no ajeno,
sino tuyo porque tú eres el mundo,
que norte, sur, este y oeste
son puntos para tu elección,
que tu eres amor pleno.
Estás destinado a dar, más que a recibir.

Ten confianza porque aunque tu mente
te hable de puertas cerradas y de soledad,
ése es un engaño temporal y pasajero.

Tu estás destinado a ser luz
para muchos que necesitan
de tu luz y de tu amor.

Dario Lostado




Me hubiera venido bien leer palabras como éstas el domingo, cuando lo único que se me venía a la cabeza era abandonar. Pero menos mal que, aunque muchos lo pensáramos, nadie se atrevió a decirlo. ¡Y CUMPLIMOS CON LO PROGRAMADO! :O

January 28

Secretos del ojo

Dependía de los ojos. El secreto del amor estaba en los ojos, en la manera que tenían las personas de mirarse unas a otras, en la manera en que se comunicaban y se hablaban los ojos cuando los labios estaban inmóviles. Los ojos de Chris me habían dicho más que diez mil palabras.

Y no era únicamente su forma de tocarme y acariciarme tiernamente; era la forma de tocarme al tiempo que me miraba de aquella manera, y ése era el motivo de que la abuela nos hubiese impuesto la regla de no mirar el sexo opuesto. Saber que aquella vieja bruja conocía el secreto del amor... También ella pudo haber amado, no, ella no, aquella mujer de corazón de hierro, rígida como el acero... sus ojos nunca hubieran podido mirar con suavidad.
 

Y entonces, a medida que ahondaba más y más en aquel tema, me di cuenta de que había algo más que los ojos; era lo que había detrás de los ojos, en la mente, un deseo de gustar, de hacer feliz, de dar goce, de quitar la soledad de no conseguir jamás que otros comprendan lo que uno quiere hacer comprender. El pecado, en realidad, no tenía nada que ver con el amor, con el verdadero amor.

Virginia

Foto: fragmento de una de las portadas de Flores en el ático (V. C. Andrews, 1979)

January 21

Meditando...

"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?"
(Mt 16,26)

Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido... Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia "glorificación" y "promoción" y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.

Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito, cuando consigues algo que anhelabas, cuando "llegas arriba", cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.

Y todavía otro contraste más: recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.

Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir, los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción... y vacío.

Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.

Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma...

Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración... Y así siguen hasta el final del viaje.

Extraído del libro UNA LLAMADA AL AMOR
A- de Mello

foto de lagape en 14/01/09

Qué complicado y qué valiente es cambiar el final de la fábula de la zorra y las uvas. Por eso casi todos prefieren el falso happy end original. Aunque el hecho de que la zorra no llegue a las uvas no sea motivo para autoconvencerse de que están verdes.
 

Zorra: lo mismo están maduras y dulces, la cuestión es que tú no llegas. Te toca apechugar. Díselo a Esopo si quieres.

Dos fragmentos de ‘Hugo, el niño en sus mejores años’

foto de lagape en 16/12/08

“Hugo dobló dos veces a la izquierda, tres a la derecha y luego volvió en zigzag y llegó al mercadillo que era realmente bastante grande.

Allí se ofrecían a la venta muebles baratos; objetos de decoración, como cuadros y jarrones; libros; relojes de montaña; botellas termométricas, pósters y tarjetas postales. Además, placas de latón, jaulas para pájaros, cubiertos de plata de diversos tamaños y formas. Y muchas otras cosas más. Lo único que no vio Hugo fueron niños viejos. En cuanto a niños en venta sólo había una niña negra con cinco trenzas y un niño cuervo un poco pálido y flacucho, con una caña de pescar. Parecía un poco retrasado porque llevaba una rosquilla colgada del anzuelo en lugar de una lombriz, y rechazó indignado la proposición que le hizo Hugo de ir a pescar a la orilla del Biegel. Pero esos tres niños, por extraños que fuesen, eran jóvenes.

-Información errónea -murmuró Hugo con tristeza, y decidió abandonar el mercadillo y regresar a Zwynz. Entonces vio al final del mercadillo una cómoda. Y en la planta superior de la cómoda descubrió a un pequeño lector con un periódico. En la planta baja había también tres personajes pequeños (uno de ellos era la mitad de grande que los otros dos).

Hugo se acercó a la cómoda y contempló con curiosidad aquellos personajes.”

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foto de lagape en 20/01/09 

“El nombre completo de la escuela voluntaria es: «Escuela-pensión voluntaria del bosque del profesor Wawa Weisenberg», y se encuentra en la proximidad de Chuzpe, cerca de Choralpe, al borde del bosque.

El profesor Wawa Weinsenberg la fundó hace cincuenta años. Antes fue profesor en un instituto estatal durante cincuenta años. Y antes estudió durante cincuenta años. Abandonó la enseñanza estatal porque su tío de ultramar le había dejado una herencia millonaria. Se jubiló y quiso escribir sus memorias. Para escribir memorias hay que recordar. Así que Wawa Weisenberg recordó todo lo que pudo y se sintió fatal. Cuanto más recordaba, peor se encontraba. Su infancia, su juventud, su época de estudiante, sus años de profesor: un siglo de sustos y tormentos, preocupaciones y penas, miedo y maldad. Y lo que peor le sentaba a Wawa Weisenberg al recordar era descubrir que durante toda su vida no sólo había sufrido esos espantos, sino que también se los había hecho padecer a cientos de niños como profesor.

Durante algún tiempo pensó en suicidarse. Pero entonces comprendió que con ello no ayudaría a nadie excepto a sí mismo y, armándose de valor, se dijo: «Lo que ha pasado no tiene remedio, pero se pueden extraer enseñanzas y debo transformarlas en hechos.»

Wawa Weisenburg sacó sus millones de la caja de caudales y mandó construir su escuela cerca de Choralpe por encima de Chuzpe. La escuela es un gran edificio en cuyo centro se encuentra el Templo de la Sabiduría. El «viejo Wawa», así le llaman sus alumnos, siempre se encuentra en el Templo de la Sabiduría. Cuando los niños quieren saber algo vienen y le preguntan. Como el viejo Wawa es una de las personas más inteligentes que existen, puede contestar a casi todas las preguntas. Cuando alguna vez no sabe una respuesta, como en temas sobre viajes espaciales, por ejemplo, llama por teléfono a un astronauta y éste viene y se lo explica al niño.

Los niños que de momento no tienen deseos de saber, permanecen en las salas que hay alrededor del centro o debajo de él. O, cuando el tiempo es bueno, al aire libre. Hacen lo que les apetece en ese momento: tiro al blanco, mirar la televisión, leer textos, hacer palomitas o buscar un tesoro. O trepan a los árboles y observan a los pájaros. O montan en bicicleta o en triciclo. O no hacen nada.

Los enemigos de la escuela del profesor Wawa Weisenberg dicen que allí los niños no aprenden nada porque no se les obliga y porque los niños siempre prefieren jugar a aprender. Pero eso no es cierto. En el Templo de la Sabiduría hay alrededor del viejo Wawa siempre por lo menos el mismo número de niños que en las otras dependencias. Uno quiere que le expliquen por qué pueden volar los pájaros y las personas no. Uno quiere saber por qué el maíz de las palomitas se infla tanto al tostarlo. Y uno quiere aprender rápidamente las 26 letras para leer las líneas escritas en los tebeos. Uno necesita instrucciones para reparar un triciclo, y unos cuantos niños no necesitan ningún motivo para querer saber. Les gusta aprender el mayor número de cosas. Tantas que el viejo Wawa ha tenido que pedir a tres señoritas que vayan a la escuela voluntaria. Porque él no podía con tanta pregunta. Un día no tiene las suficientes horas para contestar a todas las preguntas de los niños. Próximamente el viejo Wawa contratará a una cuarta señorita o a un hombre porque los niños, dice el viejo Wawa, quieren cuando no se les obliga. Y entonces no hay quien los pare y preguntan hasta la saciedad. Si las cosas siguen así, el viejo Wawa tendrá que racionar el deseo de saber. Entonces cada niño recibirá a la semana treinta papeletas de color rosa. Cada papeleta valdrá por una pregunta y una respuesta exhaustiva y en toda regla. Y cuando haya agotado las treinta papeletas tendrá que irse a jugar. El viejo Wawa dice que la vida tampoco es, al fin y al cabo, una diversión en la que un niño pueda estar aprendiendo todo el rato.”

 

Porque me gusta ver lo que las láminas de Jörg Wollman inspiraron en la imaginación de Christine Nöstlinger para escribir estos pasajes de ‘Hugo, el niño en sus mejores años’

November 21

Capital ¿¡EUROPEA DE LA CULTURA!?

“Admiramos a las personas por motivos, pero las amamos sin ellos” (Gilbert Keith Chesterton)


La frase de tan isigne pensador puede ser aplicada a mi ciudad. Santander se presenta como candidata para convertirse en Capital Europea de la Cultura 2016. Bajo el eslógan ‘Todos somos capitales’, que presupone unión, igualdad y relevancia.

Y es que yo amo a mi ciudad. Es bella hasta decir basta, coqueta y bella y repleta de mar, arena y verde. Maravillosa sobre todo para quien la visita por un breve periodo de tiempo, que queda extasiado ante sus paisajes.

Pero no la puedo admirar. Y menos su calidad cultural. Porque no se puede alardear de “la milla de la cultura” cuando la agenda cultural de la ciudad funciona a base de impulsos, cuando la programación se limita al Palacio de Festivales, a la UIMP y a la Fundación Botín, cuando la mayor parte del tiempo existen nulas actividades lúdicas interesantes para jóvenes, cuando no hay cines en el centro, cuando las subvenciones para asociaciones juveniles y/o culturales tardan meses en ser cobradas (si son cobradas), cuando no se impulsa de ninguna manera a los artistas jóvenes, cuando quien propone algo nuevo es mirado con malos ojos y considerado molesto. No vaya a cambiar algo de nuestra bella ciudad, tan tranquila y preparada para vivir como jubilados.


Porque yo amo a mi ciudad, pero no la admiro, soy consciente de que, mientras nada cambie, no podrá ser Capital Europea de la Cultura.



Foto: presentación de la candidatura en la playa del Sardinero, by me

Signo de cáncer

A tu signo lo representa el cangrejo de río y coincide con el comienzo del verano en el hemisferio norte y del invierno en el sur. Cáncer es un signo de Agua, es decir, en el que predominan los sentimientos.

Tu tendencia a remontarte en el pasado y tu prodigiosa memoria te otorgan, con frecuencia, un espíritu coleccionista, incluso aficiones de anticuario o de historiador. Muchas veces tu aspecto exterior de dureza esconde una gran sensibilidad o ternura. Y posees una tenacidad comparable a la del cangrejo, que cuando atrapa una presa antes se deja romper una tenaza que la suelta. De hecho, Cáncer es correoso y puede llegar a tener una sólida moral.

Bastante tímido, en tus relaciones personales necesitas un trato delicado y cariñoso. Cuando recibes un trato cálido y protector, te creces y luchas, defendiendo tenazmente a tu familia. Pero también podemos encontrarnos -por distintos motivos- al Cáncer extremadamente sensible, encerrado en su caparazón o aislado entre cuatro paredes. En ocasiones, estas dos tendencias pueden alternarse en diferentes etapas de una misma vida.

De hecho, debido a la extraordinaria influencia lunar que reina sobre Cáncer, uno de tus principales problemas pueden ser los increíbles altibajos en cuanto a los estados de ánimo. Tu alterable humor te puede hacer pasar de la risa al llanto con la misma facilidad que el cambio a la inversa. Todo ello porque el subconsciente, que es lunar, es muy poderoso en este signo, lo que te da, con frecuencia, algo de subjetividad, de manera que sus nativos lo veréis todo según la sensación que os cause, no dependiendo precisamente de enfoques racionales u objetivos.

Cáncer absorbe todo cual esponja, actuando por reflejo o como un espejo en función del trato que reciba, lo mismo que la Luna refleja la luz que recibe del Sol. Aunque sueles ser práctico, tienes una considerable capacidad para la fantasía y la ensoñación.

En el amor necesitas, fundamentalmente, construir un nido, debido a tu sentimiento protector y familiar. Cuando estás entre personas conocidas o que sientes cercanas puedes comunicarte o hablar mucho, rompiendo así la timidez que sueles mostrar ante desconocidos.

En aquellos Cáncer que tienen una carta astral armónica podemos encontrar las siguientes virtudes: espíritu familiar y de hogar, tenacidad, capacidad de sacrificio, adaptabilidad y discreción.

En cambio, si el conjunto de la carta astral es inarmónico, éstos pueden ser algunos de sus principales defectos: hipersensibilidad, falta de disciplina o de orden, ensoñación, infantilismo e inestabilidad emocional.




Y ahora que de la cara la listilla o el listillo que ha escrito esto, que ya le vale con la cámara oculta que tiene en mi vida.

November 18

Tiny

Multitud de veces he soñado que tengo un/a amigo/a o una mascota diminuta, casi microscópica, alguien a quien aprecio mucho a pesar de la diferencia de tamaño que existe entre ambos, y que dejaré de ver si cambia su ubicación habitual, si sale de la pequeña casita o tarro o receptáculo en el que se encuentra.

Y es entonces cuando el sueño se convierte en pesadilla, porque mi diminuto ser querido se escapa o se marcha o le sacan de su sitio y yo ya no lo puedo ver más y queda camuflado entre los dibujos de la alfombra o en cualquier otra parte de la casa o quien sabe si de la calle. Y puedo pisarlo en cualquier momento. Porque no escucho su voz, es demasiado pequeñito o quizá mudo. Pero mientras estuvo en su lugar, nos comunicábamos perfectamente. Pero lo pierdo, lo pierdo de vista y de corazón. Y siento una angustia muy grande.

Una sensación parecida me recorrió al enterarme de que XN ha vuelto a China y su teléfono ha dejado de estar operativo.

October 21

La soledad de la orquídea

La segunda orquídea se quedó en la cajita que Renato le llevaba a la estación de tren como regalo de despedida, ya que la primera se había quedado flotando a su suerte en el Canal. Que aquella flor comprada a una anciana entrañable mientras escuchaban música en la terraza de un café no pudiera volver a sus manos debió dejarle claro lo que iba a pasar. Pero él parecía sorprendido. Todavía no sé si de verdad o ya había previsto la futilidad de todo aquel encanto.

En cualquier caso, Jane dejó Venecia, un poco más madura por la experiencia, un poco más triste por la pérdida. Y eso es lo que cuenta.

 

Foto: Katherine Hepburn y Rosanno Brazzi en un fotograma de Locuras de verano (Summertime) (David Lean, 1955)

Y al que no le guste...

Me miran raro porque aunque llueva torrencialmente, si no llevo paraguas, no me paro. Sigo adelante empapándome la ropa, el pelo y los pies mientras la gente espera en los portales, bajo los techos, dentro de las cafeterías. Pero no se les ocurre que voy directa a casa y en cuanto llegue me quitaré la ropa mojada y me ducharé con agua caliente, ni que después de un día de trabajo lo último que necesito es que nada ni nadie me siga reteniendo donde no quiero estar, o que caminar por los jardines de Pereda con el cielo luminoso de las siete y media de la tarde, las gotas incesantes, el suelo limpio y reluciente y nadie a la vista es toda una delicia. O que igual son ellos los que se asustan por una tontería y no es que yo actúe como una aventada.

Lo mismo ni me están mirando. Igual es por el cansancio que provoca tanto sueño atrasado.

July 24

¡Rojilla!

 

Porque estoy HARTA de quien insulta empleando los términos ROJO y FACHA sin tener ni puñetera idea de lo que está diciendo:

UN FACHA DE SIETE AÑOS

«Me interpela un lector algo –o muy– dolido porque de vez en cuando aludo a España como este país de mierda. El citado lector, que sin duda tiene un sentimiento patriótico susceptible y no mucha agudeza leyendo entre líneas, pero está en su derecho, considera que me paso varios pueblos y una gasolinera. Le extraña, por otra parte, y me lo comunica con acidez, que alguien que, como el arriba firmante, ha escrito algunas novelas con trasfondo histórico, y que además parece complacerse en recuperar episodios olvidados de nuestra Historia en esta misma página, sea tan brutal a la hora de referirse a la tierra y a los individuos que de una u otra forma, le gusten o no, son su patria y sus compatriotas.

La verdad es que podría, perfectamente, escaquearme diciendo que cada cual tiene perfecto derecho a hablar con dureza de aquello que ama, precisamente porque lo ama. Y que cuando abro un libro de Historia y observo ciertos atroces paralelismos con la España de hoy, o con la de siempre, y comprendo mejor lo que fuimos y lo que somos, me duelen las asaduras. Aunque, la verdad, ya ni siquiera duelen. Al menos no como antes, cuando creía que la estupidez, la incultura, la insolidaridad, la ancestral mala baba que nos gastamos aquí, tenían arreglo. La edad y las canas ponen las cosas en su sitio: ahora sé que esto no lo arregla nadie. España es uno de los países más afortunados del mundo, y al mismo tiempo el más estúpido. Aquí vivimos como en ningún otro lugar de Europa, y la prueba es que los guiris saben dónde calentarse los huesos. Lo tenemos todo, pero nos gusta reventarlo. Hablo de ustedes y de mí. Nuestra envilecida y analfabeta clase política, nuestros caciques territoriales, nuestros obispos siniestros, nuestra infame educación, nuestras ministras idiotas del miembro y de la miembra, son reflejo de la sociedad que los elige, los aplaude, los disfruta y los soporta. Y parece mentira. Con la de gente que hemos fusilado aquí a lo largo de nuestra historia, y siempre fue a la gente equivocada. A los infelices pillados en medio. Quizá porque quienes fusilan, da igual en qué bando estén, siempre son los mismos.

Pero me estoy metiendo en jardines complejos, oigan. El que quiera tener su opinión sobre todo eso, acertada o no, pero suya y no de otros, que lea y mire. Y si no, que se conforme con Operación Triunfo, con Corazón Rosa o con Operación Top Model, o como se llamen, y le vayan dando. Cada cual tiene lo que, en fin, etcétera. Ya saben. Por mi parte, como todavía me permiten y pagan este folio y medio de terapia personal cada semana –es higiénico poder morir matando–, me reafirmo un día más en lo de país de mierda. Y lo voy a justificar hoy, miren por donde, con una bonita anésdota anesdótica. Una de tantas.

Verán. Un niño de siete años, sobrino de un amigo mío, observando hace poco que varios de sus amigos llevaban camisetas de manga corta con banderas de varios países, la norteamericana y la de Brasil entre ellas –algo que por lo visto está de moda–, le pidió al tío de regalo una camiseta con la bandera española. «Van a flipar mis amigos, tito», dijo el infeliz del crío. Según cuenta mi amigo, el sobrinete bajó al parque como una flecha, orgulloso de su prenda, con la ilusión que en esas cosas sólo puede poner una criatura. A los diez minutos subió descompuesto, avergonzado, a cambiarse de ropa. El tío fue a verlo a su habitación, y allí estaba el chiquillo, al filo de las lágrimas y con la camiseta arrugada en un rincón. «Me han dicho que si soy facha o qué», fue el comentario.

Siete años, señoras y caballeros. La criatura. Y no en el País Vasconi en Cataluña, ni en Galicia. En la Manga del Mar Menor, provincia de Murcia. Casualmente, y sólo una semana después de que me contaran esa edificante historia infantil, otro amigo, Carlos, gerente de un importante club náutico de la zona, me confiaba que ya no encarga polos deportivos para sus regatistas con el tradicional filetillo de la bandera española en las mangas y en el cuello. «En las competiciones con clubs de otras autonomías –explicó– están mal vistos.»

Dirán algunos que, tal y como anda el asunto, podríamos mandar a tomar por saco ese viejo trapo y hacer uno distinto. Al fin y al cabo sólo existe desde hace dos siglos y medio. Podríamos encargarle una bandera nueva, más actual, a Mariscal, a Alberto Corazón, a Victorio o a Lucchino. O a todos juntos. Pero es que iba a dar igual. Tendríamos las mismas aunque pusiéramos una de color rosa con un mechero Bic, un arpa y la niña de los Simpson en el centro; y en las carreteras, el borreguito de Norit en vez del toro de Osborne. El problema no es la bandera, ni el toro, sino la puta que nos parió. A todos nosotros. A los ciudadanos de este país de mierda.»

ARTURO PÉREZ-REVERTE

June 25

Los sueños sueños no son

 
No quiero dar la nota en unos carnavales, así que decido disfrazarme. Y me pongo una máscara, con varios motivos pintados por mí, que es una mezcla entre la cara de Freddy Kruger y la de MC Mefisto Negruri.
Poniéndola y quitándomela continuamente, entro en un lugar bastante lujoso con mi prima y más gente de mi familia. Allí hay un montón de personas famosas e interesantes, pero no me acerco a hablar con ninguna de ellas, tratando de aparentar que no me interesan.
Al cabo de un tiempo lo pienso mejor y llego a la conclusión de que aunque haya perdido tantas oportunidades, ya que muchos de ellos se han ido, mejor intentar conseguir por lo menos una foto con alguno. Decido acercarme a Susan Sarandon, que está guapísima vestida de rojo, muy elegante y aparenta ser mucho más joven de lo que es.
Me doy cuenta de que a la vez que yo, mi tía Manoli se está acercando a ella también cámara en ristre. Así que para no molestarla demasiado, pero un poco fastidiadas, acordamos hacernos una misma foto con ella las dos a la vez.
No sé dónde están nuestras cámaras en ese instante, así que les pedimos a dos chicas adolescentes que nos hagan la foto con la suya. Susan Sarandon le dice algo a mi tía y luego me pregunta a mí que qué hago con esa máscara, aunque yo ya me la había quitado para quedar retratada con mi propia cara junto a ella. Le explico que es una manifestación artística. Las chicas, que no paran de reírse tontamente, nos hacen varias y se marchan diciéndonos que ya nos las enviarán.
Al cabo de unos segundos, me quedo mirando a mi tía y le digo que a dónde pensarán mandarnos las fotos, si no tienen nuestra dirección. Y en ese momento, siento mucha rabia e impotencia y me digo para mis adentros que siempre me pasa lo mismo.

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Voy andando con mi prima por Madrid. Mi prima de pronto es mi hermana y estoy teniendo con ella una de esas conversaciones frikis recordando diálogos de películas de las que nos gustan. Mi hermana pronuncia una frase de una de las pelis, lo que provoca que un chico que acaba de cruzarse con nosotras se pare en seco, se gire, nos mire y exclame, repitiendo la fase: “¡Eso lo decía yo en Now and then!”
Y nosotras nos lo quedamos mirando asombradas al ver que es Devon Sawa. Yo no me explico cómo no nos hemos fijado antes en que pasaba a nuestro lado. Sonriente y encantado, nos pregunta cómo puede ser que nos sepamos esa frase. Le explicamos que hemos visto unas tropecientas mil veces Amigas para siempre. Quiere saber cómo lo conocimos. Le digo que desde Casper, que su escena nos marcó totalmente. No entiende que lo ficháramos en un fragmento tan corto de película. Le comentamos que en esa época parece que se empeñaban en emparejarlo con Christina Ricci y le hace mucha gracia.
Le pregunto que qué hace en Madrid y me mira con gesto desconfiado como expresando que quiero saber demasiado. Pero contesta que está promocionando una peli y nos enseña su cartel, que está colgado a tamaño gigante en una carretera. Luego le intento hablar de las cosas positivas que tiene La noche de los tornados, aunque él nota que muchas las digo por decir y le explico también que una compañera mía de piano estaba obsesionada con él y que decía que era el protagonista de La princesa prometida y que se llamaba Cary Elwes. Y él gritaba ¿en castellano?: “¿¿ese puto italiano??”
Cada vez se nos une más y más gente, especialmente chicas, al darse cuenta de con quién estamos. Cuando somos ya un grupo numeroso, él pregunta que quién va a salir de fiesta después dirigiéndose a mí. Yo digo que depende… Y él decide irse, no sin antes hacerse una foto con todo el grupo. Yo le indico a quien nos la va a hacer cómo funciona mi cámara y corro a colocarme al lado de Devon, que me ha guardado un hueco.
Y después se va.

foto de lagape en 23/06/08

Foto: Santander, by Suspe

Dentro de un recinto acristalado, soy testigo de cómo una ola gigante en una subida de marea atrapa a muchísima gente, a mí incluída.  Un hombre mayor se queja porque no entiende cómo siguen dejando que nadie viva tan cerca del mar, si hay crecidas así, aunque no ocurran a menudo. En ese momento miro desde dentro de la cristalera y soy testigo de una especie de repetición del momento en el que la ola enorme nos envuelve, aunque lo que yo veo es cómo se lleva mi toalla y demás enseres de la playa.
Cuando consigo salir del agua, soy consciente de la cantidad de cosas que he perdido en el mar: ropa, objetos personales… Lo voy recuperando poco a poco, pero me doy cuenta de que me falta la toalla, así que vuelvo a por ella. La tiene una chica, envolviendo una de sus piernas, que no para de sangrar. Veo que la van a subir a un autobús y me acerco a ella y le digo que es mi toalla, que me la compró mi madre. Ella me la intenta devolver, y en ese momento me doy cuenta de lo increíblemente egoísta que estoy siendo, así que le digo que intentaré buscarle otra cosa con que cubrirle las heridas.
Hay un montón de niños que me transmiten indefensión, no sé si porque siguen en el agua o porque están fuera y se encuentran solos. Hay mucho miedo a que muera gente ahogada. La mayoría de la gente sale, pero otra tanta se queda en el agua, fuera de nuestra vista. Entre ellos mi padre, mi amiga Elena y Ross, de Friends.
Elena aparece al cabo de unos días, hecha un desastre y es reticente a contar cómo ha conseguido volver y qué le ha pasado. Yo me extraño de no estar preocupada por mi padre, que no ha aparecido aún, pero mi madre dice que sabe que está en la barca de un pescador. Yo pienso que será terrible aguantar el sol para él tantos días en el agua. Ross no aparece, aunque nos hace algo de gracia que haya desaparecido en el mar de Santander.
Se va acumulando una enorme montaña de cosas que no está permitido tocar y pienso que cuando aparezca todo el mundo repartirán lo que hemos perdido dentro de la masa de agua y personas.

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Termino la jornada matinal a las 14.00 y cuando estoy a punto de irme y cerrar con llave la oficina, llega una señora que trabaja cerca y me pide un ordenador para transcribir un montón de papeles porque el suyo no funciona. Así que accedo y la dejo copiando sin parar en el ordenador de mi jefe y con la puerta de la oficina abierta.
Cuando vuelvo por la tarde al trabajo, me cruzo con Zunzunegui en el Pasaje de Peña y me saluda entre simpático y despistado, mientras se marcha a toda prisa. Se estaba despidiendo de Zumalde, que se dirige a la peluquería regentada por gays que está pegada al portal de mi edificio.
Una de dos. O mi oficina está en el despacho del Departamento de Audiovisual de la UPV-EHU o el despacho de Zumalde está en el Edificio Simeón, porque mi destino, entrando por el portal del trabajo, es su despacho. Para preguntarle dudas sobre una imagen que quiero analizar semióticamente y teniendo clarísimo que hablando Zumalde habla al mismo tiempo Zunzunegui, que está dentro de él y me explicará temas de Sociosemiótica desde dentro del cuerpo de su discípulo.
La imagen que quiero analizar es un cuadro fascinante y Zumalde y yo nos quedamos mirándolo un buen rato. Él me indica que me fije sobre todo en los espacios vacíos y en el encuadre y me da otro montón de pistas que apunta en una hoja que luego hace desaparecer.
Le digo que me acompañe a la oficina para enseñarle lo que llevo hecho por el momento, pero cuando llegamos, ahí sigue la señora de antes copiando sin parar. Eso nos coarta.
Le digo que echo en falta la universidad y él me dice que me contaría muchas cosas personales pero que no lo hará por si me da por el periodismo rosa. Y yo le replico gritando “¡Puaaaj!”. Y vuelve a su despacho flanqueado por dos chicas despampanantes que no paran de pedirle que les hable de El crimen de Monsieur Lange.

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Los Reyes visitaban la casa del pueblo, que estaba repleta de gente desconocida, metida en habitaciones que no existen. Y mi madre no estaba, así que yo tenía que hacerles fotos, porque era una ocasión única que los Reyes de España estuvieran en la casa donde nació ella. Pero no encontraba la cámara por ninguna parte y en algunas habitaciones no me estaba permitido entrar, porque estaban llenas de inquilinos.

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Voy con mi madre a un mercadillo y me quedo clavada en un puesto de pósters de cine, justo el que estaba buscando. Estoy feliz porque por fin vez me puedo permitir todos los que me gusten.

Ese puesto deja de ser de carteles de películas y se convierte en la tienda de un artista que al principio me resulta lejano. Pero luego me quedo hablando con él con toda confianza. Y es la hora de la comida y sé que en casa me están esperando y que serán conscientes de que estoy con él.

Es el mismo puesto que había visitado con mi madre y mi prima y cuyas pinturas (dibujos con formas escondidas, casi todos) me encantan. Le digo cuánto me gustan sus dibujos y nos regala a mi prima y a mí un cuadro suyo homenaje a "La Bella y la Bestia" que nos hace mucha ilusión.

Me callo porque tengo la sensación de que cualquier cosa que destaque me la va a regalar. Pero lo cierto es que sus dibujos me fascinan. Cada cual más. Hay láminas sueltas e ilustraciones de libros.

Mi padre también le visita. Vamos todos varias veces.

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Veo pasar ante mis ojos una convocatoria de beca muy interesante que incluye la posiblidad de estudiar en el extranjero. Todo el mundo se entera, al igual que yo, y mi familia y amigos se presentan también para tratar de conseguirla. El día del examen obligatorio, salgo de casa con mucho tiempo para llegar a tiempo. Me dirijo andando al lugar de la prueba y con tiempo de sobra, me dirijo al conserje para preguntarle por el lugar del control. No entiendo cómo pero pasa muchísimo tiempo y cuando encuentro el aula, donde un montón de gente conocida está escribiendo, la examinadora me dice que ya es demasiado tarde para comenzar a hacerlo. No entiendo nada y es especialmente doloroso porque sé que gente importante aprobará y se marchará lejos.

 

 
Viajando en tren o en metro por Santander o por Bilbao llegamos a un lugar (¿un vagón de metro? ¿una cafetería? ¿un centro comercial?) y me doy cuenta de que allí, en una mesa, firmando autógrafos, se encuentra Orson Welles. En ese momento recuerdo que había incluído ese evento en la agenda de la web. Pero se me había olvidado. Lo importante es que ahí está. Un joven Orson Welles en blanco y negro, vestido como aparece en El tercer hombre.

Me da un vuelco el corazón pero me doy cuenta de que no llevo la cámara de fotos. Le pido a Manu que me acompañe a casa y nos dirigimos a por ella en una combinación de metros y trenes, como si la distancia fuera considerable y sin embargo, estamos de vuelta enseguida. Al llegar de nuevo al lugar, exclamo "¡pero si he ido a por la cámara y no la he traído!" y miro hacia abajo y veo que la tengo preparada para disparar y a la altura del pecho. Ni me inmuto por el despiste.

Me pongo al final de la cola de personas que esperan conseguir unas letras de Welles, pensando que este pobre hombre, tan mayor (aunque no lo aparente), ya estará harto de tanta firma, porque lleva allí unas 8 horas sin parar. Mientras me coloco al final de la cola, una voz en off, de la manera en la que lo expresaría el pensamiento de un personaje en una película, dice mientras se ve a la Cecilia Roth de Todo sobre mi madre, con el abrigo rojo, colocarse al final de la fila: "Esta mujer, siempre la última para todo". Roth desaparece y yo ya no estoy al final de la fila, sino sentada en un asiento del metro, de los colocados paralelamente a las puertas y ventanas, aburrida de tanto esperar.

De pronto aparece Orson Welles, cual revisor, ofreciendo su firma sobre un fotograma de El tercer hombre. Ahí es cuando me doy cuenta de que lo que yo creía una cola, era gente colocada en sus asientos y viajando sin inmutarse por la presencia del genio. Así que le miro para que entienda que a mí me interesa y se pare. Me firma la foto, que tiene un brillo especial, y después se dirige a hablar con Manu, al que unas tres personas separan de mí, y con el que se queda un buen rato, haciéndose incluso un hueco a su lado.

Cuando nos marchamos del metro, comentando el hito que acabamos de vivir, nos cruzamos en unas escaleras con el alcalde de Santander acompañado de algún otro del equipo municipal. Le saludo como si tal cosa y él no responde, pero me da igual. Acabo de conocer a Orson Welles en persona.
 
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Alguien mayor que yo, creo que Andrés, nos examina a varias personas de una peli en la que aparece Katie Holmes. Mientras nos lo estudiamos, me doy cuenta de que la peli es en realidad Dawson crece, pero Joey tiene el pelo larguísimo, me fijo mientras se tumba en la cama de Dawson. El examinador quiere comprobar si me lo sé de memoria. Pero en realidad, el resultado depende de que me haya fijado bien en todos los detalles. Recuerdo que la primera cuestión es de cuántas preguntas consta el test de la película. Y contesto correctamente que de 31.

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Vamos con mi tía Manoli de paseo por Madrid. Mientras diviso toda la ciudad como en un mapa, pienso que estamos en la zona más interesante, la de la entrada, que nunca he visitado otras veces con mis amigos. No me importa en absoluto porque la cuestión es ir con ellos.
 
A mitad de una cuesta, nos encontramos a Lucrecia, la ex cuñada de mi tío, que tiene el pelo algo cano, muy brillante y bien peinado. Mientras la saludamos y observamos detenidamente, mi madre, de pronto, hace una exclamación, acompañada por un gesto de satisfacción y regocijo.
 
Miramos donde ella señala y vemos, entre unos bancos, un seto que rodea una especie de monumento gore. Tres cabezas de payaso ensangrentadas, con las bocas abiertas, cada una de las cuales representa de manera obvia una inicial de ETA. Mi madre está exultante y su mirada expresa: "Por fin, os lo merecíais".
Yo no doy crédito a lo que veo y me pregunto si no estaremos al lado del Colegio de mi madre en Bilbao y es por eso que ella se ha soltado tanto.
 
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Paula Novoa Pazos mira a su madre, Irene Espí, con quien se ha reencontrado y le dice: “mamá, que se te está cayendo ya la piel”. La cara se le está quedando gris como a Meryl y a Goldie en «La muerte os sienta tan bien». Yo pienso que eso es una señal de que Paula ya sabe que Sandra está viva y quién es en realidad. El misterio de ‘El internado’ está resuelto.
 
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Viajo a San Sebastián. Después de un paseo por el puerto, acudo a una prueba en la que tienen que seleccionar parejas. Veo a Mirentxu, sentada en una preciosa cafetería rodeada de más gente mayor. Ella me conoce de alguna situación anterior y ya sé que le caigo mal.

Mirentxu es la encargada de la selección y después de ir nombrando pareja por pareja para comunicar que sí pasan la prueba, dice que aunque se imagina que el público no estará de acuerdo con ella, mi pareja es la de menor gancho, así que quedamos fuera, junto a sólo otras dos personas más. Todo el mundo sabe que la decisión ha sido subjetiva. Aunque la selección no era lo que más deseábamos, el rechazo constituye una pequeña desilusión.

Me marcho por una angosta carretera en algún tipo de vehículo con ruedas que no veo y al cabo de un buen rato me doy cuenta de que me he dejado casi todo lo más importante en el lugar de la selección, que resulta ser EMedia. Les llamo -sé que por allí andan Lis y Nere- y le pido a quien me coge el teléfono que no cierre, que voy a por mis cosas. Aunque son las ocho menos cinco, acceden.

Estoy agobiadísima porque sé que no voy a llegar a tiempo, pero de pronto aparece un camión-autobús de bomberos en el que trabaja Chris Pine wannabe, que al verme tan desesperada se ofrece a llevarme rápidamente hasta ese polifórmico lugar.

June 03

Y a ninguna le interesa


Juan, el portero del edificio en el que está la redacción donde trabajo, se ha jubilado.
 
Cuando empecé a trabajar aquí, el que era mi compañero, me lo pintó como un facha vejete pero majo al que le seguía el juego por tener alguien con quien hablar en los descansos para fumar. Así que me acerqué a él con recelo, consciente también de la mala leche con la que le describían.
 
Y era cierto lo de su fuerte carácter, nos reñía por dejar los baños sin cerrar o nos hacía bajar por el ascensor si estaba fregando las escaleras. Pero enseguida me di cuenta de que su único objetivo era cuidar del edificio y de la gente que trabajamos en él. Que ningún extraño se colara con aviesas intenciones, que siempre encontráramos el portal reluciente, que no faltara papel higiénico, que cuando a alguien se le olvidaran las llaves, él tuviera una copia y así echarles un cable… Su simple presencia me causaba una agradable sensación de seguridad.
 
Pero para mí, lo más importante era su conversación. La única persona con la que intercambiar palabras en muchas mañanas solitarias, con sus bromas sobre las juergas de orujo que me traigo (con mis botellas de agua, claro) al traernos el correo, alguien que siempre me saludaba con una sonrisa y una palabra amable, al entrar y al salir, que no tenía reparos en compartir retazos de su vida conmigo, una vida repleta de trabajo y, contrariamente a lo anunciado, marcada por la lucha obrera.
 
Aunque, sin duda, lo que más echaré de menos será su costumbre de silbar melodías por los pasillos mientras limpiaba. Las notas de Candilejas o El beso, a lo lejos, en un piso en el que sólo se oye abrir y cerrar la puerta del ascensor, siempre me transmitían buenas vibraciones.
 
Llevo 10 meses viéndolo a diario y me ha dado mucha pena despedirme de él. En el cuarto de contadores, mientras enseñaba sus trucos al nuevo, he bajado a desearle que disfrute de su retiro, que lo merece y con una visible emoción en sus ojos, casi como de abuelo postizo, me ha dicho: “gracias por todo”.
 
Entonces no, pero ahora me pregunto por qué.
 
April 23

The wicked language of musicals


Algunas características comunes a la mayoría de los musicales de Hollywood:

• Los bailarines reúnen una serie de objetos domésticos y bailan con ellos. El baile con objetos nos hace abandonar nuestra incredulidad y nos empuja a pensar que los objetos han sido colocados ahí para el baile. Semejantes “apaños” (bricolage, como lo denomina Lévi-Strauss) dotan de espontaneidad a los números, aunque en realidad sean éstos el resultado de gran habilidad técnica.

• En la mayoría de musicales se prescinde de la línea clásica del ballet y se introduce un estilo de baile más espontáneo y natural. Ese estilo de baile da la sensación de que no existe coreografía.

• El musical popular rezuma nostalgia por el mítico pasado de los colonos en América. Se utilizan, repetidas veces, dos modelos de canciones para hacernos caer en la nostalgia. El cantar a coro, una forma habitual de la vida diaria (canto de alabanzas, canciones de acampada, siguiendo el ritmo…) vincula la diversión a la comunidad. Por otro, las canciones que pasan de boca a boca son un procedimiento cinematográfico, ya que normalmente no vemos a la gente coreando canciones por la calle.

• Hay dos tipos de números musicales: los de proscenio y los narrativos. En los musicales “de entre bastidores”, es decir, que hablan del mundo del espectáculo por detrás de las bambalinas, mediante tomas de transición vemos que el espectador de la película puede ser incorporado al público de ficción. Mediante la dolly, barridos de cámara y planos por detrás el efecto que se logra es recordarle al espectador que son vistos desde el punto de vista del público del teatro, mientras que a la vez se adentra para presentar la actuación directamente al espectador. En los interludios narrativos se nos anima a compartir el punto de vista de los actores y durante los musicales a convertirnos en parte del público que aparece en la película.

• A primera vista el musical de Hollywood parece constituir una excepción de lo que entendemos por film “clásico”, el cual trata siempre de encubrir su propio proceso de elaboración. El musical, por el contrario, parece estar rompiendo constantemente su brillante envoltorio, de manera similar a cómo lo haría, se supone, un film moderno. Por tanto, aparentemente, este modelo de relato “clásico” no es válido para explicar un formato como el musical. El proscenio crea una distancia para que podamos observar de qué manera se salva esa distancia. El público que aparece en la película se sitúa entre nosotros y la actuación para permitirnos una identificación mayor con la experiencia del teatro en vivo. El discurso directo atraviesa el ámbito del relato para afirmar la tradición del espectáculo cuya historia nos cuenta el film. Y la tecnología se muestra en el interior de las películas para asegurarnos una última mitificación del propio musical de Hollywood.

• Los musicales se construyen partiendo de un doble registro sobre el que se contraponen el relato y los números que definen a la comedia musical como una forma única. La dicotomía que se establece a la hora de contar el relato (ahora narrado, luego cantado) es un modo de presentación distinto al del hilo único más corriente en el cine de Hollywood. La narración en tercera persona se puede considerar un primer nivel, del cual surge otro secundario, presentado en forma de discurso directo y confeccionado con canciones y bailes. La interrupción de la primera persona altera el equilibrio del fluir unitario.

(Trabajo Pigmalión y My fair lady, LGP)

Foto: La grandísima Margaret Hamilton interpretando a The Wicked Witch of the West en El mago de Oz (Victor Fleming, 1939). La bruja que más miedo da. La que más pesadillas me ha provocado. Fascinante

April 15

Mi mamá me mima

foto de lagape en 7/04/08

¿Cómo se le dedican unas líneas a la persona que te ha regalado la existencia? ¿Cómo se atreve alguien a intentar expresar en un medio tan limitado lo que siente por la persona más importante de su vida?

¿Explicando que desde que era niña se ha dedicado íntegramente al servicio a los demás? ¿Que tuvo que disfrutar de una infancia más corta de lo deseable porque así la obligaron sus circunstancias? ¿Que las carencias de su niñez le hicieron apreciarlo todo con más ganas y entusiasmo que la mayoría de la gente? ¿Que las duras pruebas que le ha puesto la vida la han convertido en la resistente mujer que es hoy?

¿Hablando de sus muchas cualidades? ¿De que no sólo sabe cocinar de maravilla, sino que se ocupa de que la alimentación de todos en casa sea equilibrada, de que a menudo encontremos platos al gusto de cada cual, de poner creatividad en la cocina y de lograr aún así no salirse del presupuesto?

¿De su maña para los trabajos manuales? ¿De que no sólo sabe arreglar dobladillos y cremalleras, sino que echándole imaginación puede diseñar disfraces? ¿De que la costura es para ella como un arte?

¿De que es difícil que no conozca un remedio casero para ese dolor/mancha/rotura? ¿De que sabe de tareas tradicionalmente masculinas como albañilería, carpintería o fontanería? ¿Y que encima se le dan bien?

¿De que nos cuida a todos como sólo una madre saber hacerlo, con esa eficacia y cariño que hace que te recuperes antes? ¿De que cuando se pone enferma no sólo no disminuye su ritmo diario sino que además se ocupa ella sola de ponerse bien?

¿De que se interesa por todo lo de sus hijas, empatizando hasta tal punto que puede convertirse en fan de un grupo que nos guste, quedarse despierta para grabar una película que nos interese o querer ver todas las fotos de nuestros viajes?

¿De que a pesar de haber sido literalmente apartada de los estudios su afán por aprender nunca ha cesado? ¿De que considera que siempre es un buen momento para conocer algo nuevo?? ¿De que su cultura es muy superior a la que derivaría naturalmente de la educación que ha recibido?

¿De que trabaja por y para nosotras? ¿De que nunca se queja de sus maratonianas jornadas? ¿De que es capaz de trabajar en tres cosas diferentes por la mañana, llegar a casa, hacer la comida de todos, fregar y volverse a ir corriendo para hacer otra cosa por la tarde, descansar dos horas y seguir por la noche? ¿De que esto es estrictamente cierto?

¿De que nunca es buena ocasión para comprarse algo pero siempre buena para regalárnoslo a nosotras? ¿De que se preocupa tanto por sus hijas que tiene que recibir las malas contestaciones que en ningún caso deberían ir dirigidas a ella? ¿De que por su esfuerzo mi hermana y yo conocemos la vida universitaria fuera de nuestra ciudad? ¿De que nos ha otorgado toda la libertad del mundo?

Y en cualquier caso… ¿por qué hacerlo público para gente que ni siquiera la conoce? Entre otros motivos, porque mi madre es fan de mi blog…

Gracias

Te quiero

January 08

You may say I’m a dreamer

Intentaba conseguir atención mediante un mar repleto de ballenas pequeñas y un dibujo de Miguel el Torero.
__________
Las gemelas de Los Palacios abandonaban Gran Hermano tras confesar entre lágrimas su condición hermafrodita.
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Mis padres decidían comprar una nueva casa y a mí me parecía un horror cuando iba a visitarla y me estresaba tener que mudarme. No me gustaban las vistas, la cocina era marrón y además estaba sucia, el salón era feo…
 
Cuando entraba en mi habitación, que me parecía rectangularmente pequeña, me conformaba porque me daba cuenta de que a la derecha, no visible a primera vista, había una biblioteca muy grande, repleta de baldas. Mi madre me decía que no me quejara, que ahí tenía sitio para guardar todos mis libros, vídeos y deuvedeses y para hacer gimnasia en el suelo entre estantería y estantería…
__________
¡Conocí a Katie Holmes! La alcanzaba mientras llevaba la compra a su coche en un aparcamiento subterráneo y le contaba lo mucho que significó para mí su interpretación de Joey en Dawson’s creek. Después intentaba recordarle las pelis en las que la había visto actúar y me habían gustado pero estaba bloqueada por los nervios y sólo acerté a decirle Wonder boys, así en inglés, como todo lo que le contaba, aunque esa sea una peli que no me gustó nada (como casi todas las que ha hecho).
 
A pesar de mis intentos desesperados por pronunciar bien para que me entendiera, parecía que la estaba cayendo simpática, me sonreía mucho. Y llevaba el pelo largo, como cuando la conocí. Ni rastro del look Victoria Adams wannabe que luce ahora.
 
Cuando llegaba Tom Cruise con sus tres hijos (porque Suri era la mayor pero había dos más), yo ni le saludaba. Él notaba mi antipatía y tampoco me decía nada. Además le había confesado a su mujer que con quien me gustaría haberla visto casada era con James Van Der Beek. A partir de este momento, sólo recuerdo los gestos de profunda infelicidad y hartazgo de Katie cada vez que hablaba Cruise o sus hijos hacían alguna tontería, reflejados en su espejo retrovisor.
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A mi jefe le da la venada de ordenar toda la oficina y me pide a mí que le ayude. Me pongo a ello, preguntándole continuamente dónde pongo cada papel. Llega el momento en el que se va mi compañero, me escribe una nota de despedida, nos decimos adiós. Y viene mi hermana. Y mientras mi jefe está venga a explicarme cómo tengo que hacer lo que tengo que hacer, mi hermana no para de hablar. Y yo: “Bea, por favor, espera, que estoy trabajando”. Y mi jefe empieza a explicarme de nuevo y mi hermana le interrumpe. Así varias veces hasta que ya, casi histérica, la pido que no de una mala imagen de la familia. Mi jefe me mira como con pena y se va. Y lo único que mi hermana quiere decirme es que un amigo me está esperando fuera. Y yo no la escuchaba porque estaba preocupada por el trabajo. Pero finalmente me voy con mi hermana y más amigos que han ido a buscarme. Y es un alivio.
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Vuelvo al colegio y me encuentro a quien no quiero encontrarme y además voy con pantalones cortos y las piernas llenas de pelos 
foto de lagape en 7/01/08 
Me encargan cuidar de un montón de peces que están en dos neveras grandes  y que tienen poquísimo agua, al menos insuficiente para que sobrevivan. Y yo no puedo ocuparme de ellos continuamente, tengo algo importante que hacer. Así que voy y vengo y cada vez que me acerco a ellos encuentro más peces muertos. Además, algunos de los muertos más grandes y que se encuentran en la parte inferior tienen caras humanas, aunque parecen dormidos plácidamente. No para de escaparse el agua de las neveras y yo soy consciente de que estoy dejándoles morir pero no se me ocurre qué hacer, como si no existiera ninguna solución. Gemma de Parchís está por allí vestida de verde y de niña, aunque no sé cuál es su papel en toda la historia.
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Estoy enfadadísima con mi hermana y mis amigas del pueblo porque les he dejado mi bolso para que me lo cuiden mientras hago no sé qué y han aprovechado para cogerme dinero de la cartera y pedir un montón de comida en un restaurante. Cuando llego donde están me doy cuenta de que ni siquiera me han guardado nada. Y es la segunda vez que ocurre. Después, comiendo con la familia en otro local, y debido a que tienen mucha prisa por marcharse, me quedo sin probar la exquisita variedad de postres que prometía la carta. Estoy decepcionada porque a nadie parece importarle.
__________
Mientras caminaba delante de mí dándome la espalda y recordándome (quién sabe por qué) a El maestro de escuela de Magritte, me he pasado un buen rato tocándole el pelo a Ringo Starr para intentar atusárselo, porque lo tenía muy enredado y porque quería comprobar su tacto. Y tras una pequeña caminata en dirección al resto de Beatles, Ringo se ha colocado entre sus compañeros para que un amigo les hiciera cantidad de buenas fotos para mí.
 __________
Tenía un bebé, una niña recién nacida, pero mucho más pequeñita de lo habitual. Mi hija llegaba de pronto a mi vida, aunque yo no había dado a luz. Ni siquiera tenía padre, era sólo mía. La niñita tenía que pasar todo el tiempo con una de sus dos orejas pegadas a mi corazón mientras yo la tenía en brazos, porque si dejaba de escuchar mis latidos, moriría. Así que no me despegaba de ella ni de día ni de noche. Yo la adoraba, pero sentía que mi vida como tal se había terminado. No podía hacer un montón de cosas porque vivía pegada a ella. Por suerte, alguien de mucha confianza me hizo descubrir que era la única persona capaz de sujetar a mi hija tal y como lo hacía yo sin que a ésta le ocurriera nada malo. Y fue un alivio compartir la responsabilidad.
 __________
Tenía que acudir varios días seguidos a un lugar donde se solucionaban temas de papeleo y en la última de esas ocasiones, me ofrecía voluntariamente para ayudar a las personas que trabajaban en las ventanillas porque me parecía un trabajo de lo más estimulante tratar continuamente con la gente y solucionarles todo tipo de problemas burocráticos.

“Genialidades”

«Me pareció fascinante cómo, cuando estábamos hablando de cosas terrenales, tú, con la mirada perdida, exclamaste: “¡Tengo que hacer un experimento!” Porque así son los genios: su cabeza no está hecha para los temas cotidianos. Es por eso que te digo que no eres capaz de hablar de temas normales. Tú siempre en tu mundo…

Puede que fuera horrible para Gala (al menos al principio). O quizá su vocación era ser la pareja de un genio. Soportar sus locuras, sus injusticias, incluso sus vejaciones. Todo en pro del arte y la creación. Los genios son infieles, desastres para la cotidianeidad, egoístas, desordenados, incapaces de hacer una simple compra. Su mente está reservada para objetivos más elevados.

Así que se me ocurrió que quizá mi aportación al arte sea ser tu compañera, para ocuparme de todo eso. No estás hecho para la vida mundana, lo sabes, ni para tu tiempo ni para la realidad que vivimos. Igual es que tengo que ser como Ona y tener una hija como Geraldine…

Las mujeres de estos personajes han tenido que ser pacientes, soportar mucho y quererlos a pesar de todo. Para que se pudieran desarrollar. Inteligentes pero no creativas, dedicadas a fomentar el arte de ellos y recopilar su obra, guardarlo todo. Y es gracias a ellas que mucho se conserva.»

Odious and unpleasant child Arsecrack

dali.jpg picture by Laudrey82

Autorretrato, circa 1921, Salvador Dalí

December 22

Simbiosis


Ayer descubrí el lado amable de las ruedas de prensa. Estoy acostumbrada a que éstas sean actos aburridos, previsibles, sin emoción, donde la información se conoce de antemano y que sobre todo en mi ciudad, nunca o casi nunca favorezcan el acercamiento a personajes interesantes.

Pero es que ayer viví en mis propias carnes las ventajas del poder de los medios de comunicación. Al mediodía se presentaba la nueva programación del Palacio de Festivales para 2008. Y allí me presenté, yo que apenas conozco a nadie del mundillo, dispuesta a obtener una información muy valiosa para estos días de sequía informativa.

La rueda transcurre como tantas otras, con el punto a favor de la brevedad. En cuanto termina, y viendo que los periodistas nos estábamos ya colocando el abrigo para “huir” (era hora de comer), el director del Palacio se me acerca y me pide -casi me ruega, me vería las ganas de irme-, mientras mira también al resto: “no os vayáis corriendo, por favor, quedaos a tomar algo”.

Y para asegurarse de que nos quedábamos, no sólo nos hizo esa invitación, sino que además el Consejero de Cultura nos fue pasando una bandeja con canapés, la encargada de prensa del Palacio nos entregó bolsas con regalos (botellas de vino, marcadores de libros, bufanda, guantes y gorro de lana), nos ofrecieron barra libre de varias bebidas, etc. al tiempo que el director iba dejando caer como quien no quiere la cosa: “aperitivos de calidad, COMO NUESTRA PROGRAMACIÓN”.

¿Tantas atenciones para favorecer la imagen de la insititución ante los medios? Supongo que resultará rentable, por algo lo hacen, claro. Yo me quedo con esa sensación extraña, casi grotesca, de encontrarme en medio de aquel lujo, cargada de regalos, sin conocidos a la vista, pero hablando con quien tenía más cerca, mientras el tío del que depende la Cultura, el Turismo y el Deporte de Cantabria me servía un aperitivo. Ya podían ser así todas las ruedas de prensa.

November 29

La venganza de la Petra

Si escribiera tan bien como Reverte, lo podría haber firmado yo. Pero hasta que lo consiga, me conformo con reírme a carcajada limpia con sus acertadísimas palabras.

 El mundo se hunde y nosotros nos enamoramos. Ni los pantalones vaqueros respetan ya estos hijos de la gran puta. Antes era el color lavado o sin lavar, y ahora, el ancho de pata. Tendrían que ver ustedes la cara, mitad conmiseración profesional y mitad coña marinera, con la que me mira el vendedor. «Pues va a ser que no, señor Reverte –dice–. Esta temporada, todos vienen con dos centímetros más, por lo menos.» No puede ser, balbuceo con cara de panoli. Llevo el mismo ancho de pata, o de pernera, o como se diga, desde que el cabo Finisterre era soldado raso. Y busco los de siempre: normales, de faena. De toda la vida. «Pues es lo que hay –responde mi interlocutor–. La moda es la moda.» Y cuando, hecho polvo, dejo los pantalones y me dispongo a tomar el portante, añade: «Es que es usted un antiguo, señor Reverte».

Total, que salgo a la calle blasfemando de los vaqueros, de la moda y de quienes la inventaron, mirando para arriba a ver si cae fuego del cielo y nos vamos todos a tomar por saco con las patas anchas de los cojones; pero lo que cae es una manta de agua y todos van con paraguas, y cuando miro para abajo sólo veo tejanos de patas anchas, arrastrados, pisándose el dobladillo o el deshilachado, que ésa es otra. Y como el suelo está mojado, sus propietarios van empapados hasta las rodillas, felices de ir chapoteando, chof, chof, con sus pantalones a la moda de la madre que me parió. Sobre todo las propietarias, porque las perneras acampanadas les encantan sobre todo a ellas, cinturas bajas y pata de elefante, favorecidas y elegantes que echas la pota, amén del companaje para completar figurín. Que parece mentira que haya mujeres capaces de ponerse prendas que les caen como una patada en la bisectriz, sólo porque el modisto de moda necesita trincar cada temporada y Victoria Beckham –esa especie de Ana Obregón vestida de Sissi Emperatriz por el estilista de Barbie, o viceversa– sale en el ¡Hola!

Pero así funciona el asunto, creo. A Roberto Pastaflori, a Danti y Tomanti, a Rodolfo Langostino o a cualquier otro modisto puntero, o diseñador, o como carajo se llame ahora el antaño honorable gremio de la sastrería, se le ocurre una imbecilidad para epatar en la pasarela de Milán, verbigracia, que los hombres lleven la bragueta abierta con calzoncillo de camuflaje multicolor, que las mujeres usen ropa de minero asturiano y se calcen un pie con zapato de tacón aguja y el otro con sandalias apaches, o lo que sea, y no les quepa duda de que, durante los meses siguientes al desfile correspondiente –páginas de Cultura de los periódicos, ojo–, todo cristo, ellos y ellas, irán, o iremos, por esas calles con la bragueta abierta dos palmos lanzando pantallazos fosforito, los pavos, y las pavas con casco del pozo María Luisa y cojeando a la moda divina de la muerte, tacón, sandalia, tacón, sandalia, encantados de habernos conocido. Y si sólo fuera indumento, todavía. Los arcanos de tales dictaduras, alegremente aceptadas, son muchos e insondables. Pero ahí están, y vienen de antiguo. Todo empezó a fastidiarse, sospecho, el día en que la primera marquesa gilipollas –francesa, supongo, la Pompadour o una de esas zorras– hizo sentarse a su mesa, dándoles conversación, a su modisto, a su peluquero y a su cocinero.

También albergo otra sospecha tenebrosa, que tiene que ver –usando una perífrasis delicada que no alborote mucho el gallinero– con las distintas aficiones y posturas de cada cual respecto al acto venéreo. Dicho de otro modo: lo que abunda entre los modistos no es el estilo camionero tipo Rusell Crowe, sino más bien el Chica Tú Vales Mucho. Pensaba en eso el otro día, hojeando un reportaje sobre quienes dictan la moda de nuestro tiempo. Las fotos eran reveladoras: Jean Paul Gaultier con botas de piloto intrépido acordonadas hasta las rodillas, jersey malva y pantalón de reflejos violetas, John Galiano con melena rubia y rizada hasta la cintura, sombrero de gánster, fular blanco y camiseta negra de pico, Valentino peliteñido, clásico y sobrio como la vida misma, Karl Lagerfeld –aparte esa pinta simpática que tiene, el jodío– con botas de montar, cuello duro, una sortija en cada dedo, una calavera en la corbata y una cadena de bicicleta a manera de cinturón. También venían un par de fulanos más cuyos nombres no retuve, uno con gomina amarilla y las rótulas depiladas asomándole por agujeros de los vaqueros, y otro vestido de Isadora Duncan que iba montado en patinete. Para mí, deduje tras mucho mirarlos, lo que son estos fulanos son unos cachondos. En el fondo –y en la forma– odian a las tías. Y se están vengando.

(Arturo Pérez-Reverte, abril 2007)

November 23

Adiós, Fernando

Me decía David ayer en referencia a la muerte de Fernando Fernán-Gómez: “triste día para los amantes de las mentes preclaras”. No hay mejor manera de decirlo, claro que a David se le dan de maravilla las palabras. Como se le daban a este grande que, después de muchos años de derrochar capacidades artísticas, se ha marchado a descansar.

Cuando yo era pequeña, me parecía un actor un poco pesado, con mal genio y que gritaba mucho. Cuando realmente supe discernir lo que era actúar, mi visión cambió radicalmente. Pero cuando comencé a apreciar en toda su dimensión el inmenso talento de este perpetuo personaje, fue cuando lo descubrí como director: El viaje a ninguna parte, La vida alrededor y sobre todo El extraño viaje me hicieron valorarlo mucho más. Unido a todo ello, su facilidad de escritura y de palabra lo consagraron ante mis ojos como un pequeño dios viviente en España.

Me parece muy triste que haya quien se empeñe en recordarlo como ese viejo que gritaba a los pesados. Porque quienes realmente lo conocían coinciden en que se trataba de otro papel interpretado por él con la misma credibilidad que los demás de su trayectoria.

Llevo buscando La silla de Fernando (David Trueba, 2006) hace mucho tiempo sin demasiado éxito. Qué pena que cuando la vea, él ya no estará entre nosotros. En cualquier caso, me servirá para descubrirlo mejor. Por ahora y desde aquí, mi más sincera admiración.

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November 14

Liesl y Rolf

Liesl estaba enamoradísima de Rolf, un rubio alemán que trabajaba como cartero para su familia. Y siempre que tenía ocasión, Liesl salía de su casa con cualquier excusa para encontrarse con él y sentir mariposas en el estómago.

Un día, Liesl y Rolf encontraron uno de esos momentos secretos para estar juntos y mientras bailaban por el precioso jardín de los padres de ella, Rolf avisaba a Liesl de que le tocaría esperar en un escenario vacío hasta que se encendiera la luz y comparaba su vida con una página vacía en la que los hombres querrían escribir. Liesl replicaba embobada: “escribir…”.

Rolf le dijo que ella tenía dieciséis años y estaba a punto de cumplir los diecisiete, que era el momento de pensar y tener cuidado porque estaba al borde del precipicio. Que teniendo dieciséis para diecisiete, los hombres caerían a sus pies y harían cola para estar con ella: caballeros y pícaros la ofrecerían comida y vino.

Que ella no estaba preparada para afrontar un mundo de hombres, porque era tímida y estaba asustada de lo que se escapaba a su conocimiento. Que necesitaría alguien mayor y más listo que la dijera qué hacer. Él, con sus diecisiete para dieciocho, cuidaría de ella.

Liesl le contestó, repitiendo casi como una letanía las palabras de Rolf. Le dijo que ella tenía dieciséis y cumpliría diecisiete, que sabía que era infantil. Que si los hombres la decían que era dulce, les creería. Que con dieciséis para diecisiete, era inocente como una rosa y que no sabía nada de solteros o bebedores de coñac.

Que no estaba preparada en absoluto para afrontar un mundo de hombres. Y confirmaba que era tímida y estaba asustada de lo que no conocía. Que necesitaba alguien mayor y más listo que la dijera qué hacer. Que Rolf tenía diecisiete para dieciocho y ella dependería de él.

Esa noche se besaron por primera vez.

__________________

Y meses más tarde, Rolf no quería saber nada más de Liesl porque la familia de ella era austriaca por convicción y él era nazi y sólo pensaba en trabajar para su régimen.

foto de lagape en 14/11/07 

Foto: Charmian Carr como Liesl en The sound of music (Robert Wise, 1965)

Madrid, qué hermosa eres (si te muestran las Rodríguez)

Este fin de semana tenía una importancia especial. Porque aunque alguno y/o alguna no lo viera así, se trataba de consolidar algo. De ver si esos bucólicos veraneos compartidos durante nuestra infancia gracias a unas raíces comunes, si esos juegos y locuras que en algún tiempo lo fueron todo, si una amistad nacida de las vacaciones elegidas por la generación que nos precede, esa que compartió su niñez también, si todo aquello podría consolidarse fuera de allí, en un lugar más urbano, más “real” por cercano a nuestras vidas diarias.

Y creo que estamos de acuerdo en que por fin, ese paso se ha dado.

Seguramente ha ayudado mucho la acogida que nuestras madrileñas nos han brindado, preparándonos una estancia de lujo en una suite repleta de golosinas, pamelas y detalles, el chalet laberíntico e interminable decorado con preciosos cuadros en el que nos hemos quedado, visitas casi exhaustivas por bonitos rincones de Madrid, un montón de viajes divertidos en metro, bus y tren, unas mascotas de lo más cariñoso (y ambiguo), desayunos, comidas y cenas enormes, cantidades industriales de fotos en todo tipo de poses y ubicaciones, una abuelita entrañable y unos padres increíblemente atentos.

Pero sobre todo,
una Ruti a la que se le ocurrió una idea genial y la llevó a cabo con su vitalismo de siempre,
una Leti preciosa que es, más que nunca, el complemento perfecto de su hermana y una anfitriona inmejorable,
una Beúx serena y generosa que haga lo que haga siempre contribuye a crear buen ambiente,
un Sergio que, a pesar de todo, pasó el día con nosotras y nos deslizó por El Retiro,
una Diana con la que compartir confidencias existenciales en los largos viajes en autobús,
y un Rodri-chófer de excepción.

Gracias, Ruti.

madridwp.jpg

Foto: Diana, Leti, Beúx, Giuco, yo y Ruti poniendo a prueba el automático

November 05

Un libro insólito

Cómo surgió la idea de escribir «Hugo, el niño en sus mejores años»

      Desde principios de los años 70 se publican año tras año los excepcionales libros infantiles de Christine Nöstlinger. La autora se ha convertido en imprescindible dentro de la literatura infantil alemana e internacional. Una literatura que ya no podemos imaginar sin ella. Sus libros son leídos por adultos y niños, constituyendo éstos ya la segunda generación, pues el tan traído y llevado «quinceañero» tendría ahora más de veinte años. ¿Seguirá leyendo los libros de Christine Nöstlinger? Probablemente. ¿Por qué no? La obra de esta autora vienesa demuestra sin lugar a dudas que la literatura infantil no tiene edad cuando es apropiada.
     
La «falta de edad» es uno de los temas de la novela. Hugo, el niño en sus mejores años, no crece, no puede hacerlo. Pero él ha asumido ya la idea y ha optado por ser niño. Una decisión que tiene malas consecuencias en  la sociedad de los adultos; los niños no son tomados en serio, y todo lo que un «niño» semejante sueña y desea es objeto de sonrisas condescendientes y tratado como utopía irrealizable. Lo que importa es que los niños obedezcan. Por eso en la novela dice Hugo con resignación: «Hasta un niño en sus mejores años tiene que atenerse a ciertas reglas de convivencia con sus padres.»
     
Los libros infantiles que toman abiertamente partido por los niños (u otras minorías) son raros. Las obras importantes de la literatura infantil ha sido escritas, en general, con un enfoque crítico de la sociedad. Interceden en favor de los débiles, combaten las situaciones opresivas con fantasía social. El mensaje de estos libros es: Desconfiad de los adultos y de sus obras, confiad en los niños antes de hacerse mayores.
     
El «Hugo» de Christine Nöstlinger pertenece también a esta clase de libros. Es una novela extraordinaria en todos los sentidos. La literatura infantil alemana no ofrece apenas algo comparable. Su realización nos presenta una encantadora historia de fondo: la novela se basa en las ilustraciones fantásticas -ocho gigantescas láminas- del dibujante vienés Jörg Wollmann. Estas ocho láminas se encuentran añadidas, en un formato muy reducido, a la novela como ilustración. Pero precisamente esta circunstancia -que sería la normal- no es exacta: primero existieron los dibujos y luego fue escrita la novela.
     
Su realización es tan apasionante que no puede dejar de ser contada.
     
Como creador y dibujante de las ilustraciones, Jörg Wollman se quedó al principio sorprendido al ver en lo que se convertían sus dibujos. ¿Qué sucede cuando los dibujos propios se independizan y cobran vida en la fantasía de otro?
     
Jörg Wollman escribe sobre ello en una carta: «Todas las primaveras se celebra una feria del libro infantil en Bolonia y yo tenía ganas de viajar allí. Quería ver los libros nuevos, hablar con la gente, mostrar mis trabajos y quizá vender algo. En fin, esas ilusiones que uno se hace. Pero claro, las cosas no son tan sencillas. Para ser francos, yo no aconsejaría a nadie tratar de mostrar y vender algo en esa ciudad. La gente le trata a uno como al representante de un crecepelo de probada ineficacia cuando te ve andando por ahí con una carpeta debajo del brazo. A propósito de carpeta, había reunido en ella toda clase de trabajos de mi estudio: xilografías (todavía de la academia), dibujos a pluma y un calendario; solo faltaban dibujos a lápiz. Así que empecé un dibujo a lápiz sobre una hoja grande (78×62 cm, el formato de mi carpeta de viaje).

      »Para una feria del libro infantil tenía que representar a un niño en una posición destacada. Así que coloqué a la niña gorda encima del tejado. Y especialmente para ella escribí con letras de humo en el cielo: ONCE UPON A TIME… en clara referencia a los editores de libros de cuentos que se dan cita en Bolonia saliendo de la chimenea de una fábrica, para mostrar que allí se produce a gran escala.

Hugo-001-corregida.jpg picture by Laudrey82

      »Los personajes surgieron después como actores que van al ensayo sin conocer la obra que van a interpretar. Quería que fuese un conjunto de seres variopintos. Grandes y pequeños, personas y animales. La guardia tradicional de la coliflor que se dispone a disparar festivamente contra una llave está inventada, y la mujer pequeña y pobre que vive en la bolsa de papel, también. Pero el conejo, por ejemplo, es un conocido del Mülhlviertel alto austríaco, que trata de darse aire de intelectual con su barba. Mientras no abre la boca todo va bien…
      »A la gente de la feria le gustó lo que estaba haciendo, pero no se produjeron contactos más estrechos. Ni rastro de los encargos que había esperado. Lentamente y de manera más casual surgieron otras dos láminas, el parque y el anticuario. Después, seguro que fueron varios meses,  enseñé (tras un acercamiento telefónico) mis dibujos a Christine Nöstlinger. Le pregunté si quería escribir una historia para mis dibujos…»
     
Jörg Wollmann ha contado «su» historia con dibujos. Esta historia no aparece escrita, hay que buscarla en las ilustraciones. Cada cual a su manera.
     
Christine Nöstlinger se embarcó en la «aventura»; los dibujos le gustaban. Pero necesitó cierto tiempo para descubrir una trama: la suya. Abandonó la idea primitiva de escribir el texto para un libro ilustrado, y así surgió la fantástica novela de más de 200 páginas, tal como se nos presenta ahora.
     
      
Interrogada por el tema, la acción y los problemas de su libro, Christine Nöstlinger dijo lo siguiente:
     
«Estuve conviviendo durante algún tiempo con los dibujos y escogí sólo los detalles que me fascinaban de manera especial y que son todos absolutamente demenciales… Hay, por ejemplo, una niña parecida a la Alicia del País de las Maravillas que sujeta en la mano una cuerda con un globo y encima del globo  hay una típica casa unifamiliar americana, y justo al lado un personaje con un gran bigote que va en bicicleta por el aire, y debajo pasean 20 perros con gabardina; para cada uno se me ocurrió algo… Naturalmente, existe una intención detrás de todo aquello. En primer lugar, me gusta mucho escribir historias fantásticas, y creo que la fantasía no debe presentarse de manera nebulosa y sin compromiso social y político. Creo que habría que dar a la fantasía un poco más compromiso del que se da actualmente a los libros infantiles fantásticos.
»
      Escribir esta novela me ha divertido mucho. Fue un verdadero placer. Para mí resultó muy excitante porque me encanta escribir sin saber lo que viene a continuación. Claro que en estos casos tengo que tomarme mucho más tiempo que con otros libros. Estoy convencida de que los niños no siguen leyendo si no se divierten con la lectura. A mí, por ejemplo, me gustaba mucho que los padres fuesen dos señores -los he llamado Aguafiestas 1 y Aguafiestas 2-; me parecían muy divertidos. En fin, son las cosas que surgen cuando se introduce uno en la fantasía de otra persona…»
     
El lector descubre en la novela una enorme cantidad de personajes que intervienen alternativamente en la acción. La importancia y el peso que les ha dado la autora no se puede deducir de los dibujos; sin embargo, ningún personaje ha sido inventado libremente; cada uno se encuentra en los dibujos. Buscarlos y seguirles la pista, descubrir en las ilustraciones hechos y lugares de la novela, es sin duda otro aspecto delicioso del libro.

 

Laura García Pérez

Occupation
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